e-lancers: Los nuevos emprendedores

Columna de Eduardo Albalá (*) donde asegura que la interconexión global permite al verdadero talento ser más relevante que nunca.

Thomas W. Malone profesor de la MIT Solan School of Management, es quien aplica por primera vez el término e-lancer,en su libro El Futuro del Trabajo, haciendo referencia a un freelancer (trabajador autónomo) con la particularidad de que consigue, genera y entrega su trabajo gracias a internet. En su libro, el Profesor Malone asegura que, en el futuro, gran parte de la economía va a girar en torno a una unidad fundamental distinta a la empresa (que sería el eje del sistema actual). El nuevo centro económico serán los individuos, trabajadores independientes que se reunirán de forma temporal para crear y/o comercializar. El autor indica que este tipo de organización ya se da en algunas industrias, como la del cine, donde un productor, un director, actores, camarógrafos y otros especialistas, se reúnen para hacer una película y una vez terminada, el equipo desaparece como tal.

Desde la aparición y popularización de internet, las crecientes facilidades de comunicación hacen que sea más sencillo localizar personas especializadas y con talento, para realizar trabajos concretos. Y más allá de simplemente encontrar a las personas, hay muchos servicios para los que no es indispensable una presencia física (programación, diseño, etc.). De igual forma, hay productos que pueden ser comercializados a través de comercio electrónico directamente desde el fabricante al consumidor, e incluso bienes digitales (música, vídeos, libros) que pueden distribuirse por medios electrónicos.

Desde mi oficina en México D.F. trabajo prácticamente a diario con gente de San Francisco, Miami, Madrid, San José de Costa Rica, São Paulo o Santiago de Chile. Intento hacer viajes, ya que el contacto físico siempre facilita y acelera los negocios, pero el resto del tiempo no hay gran problema en trabajar en diseño, desarrollo de software, consultoría o desarrollo de comercio exterior, a distancia, gracias a videoconferencias y herramientas colaborativas.

En la actualidad ya hay miles de personas que trabajan sin vínculos físicos, incluso con clientes que no conocían. Muchos de ellos lo hacen gracias a plataformas de internet que permiten una interacción total, desde la creación hasta la venta, como los ejemplos que se citan a continuación:

  • A través de Crowdspring.com o 99designs.com aquellas empresas que necesitan un logo o diseño gráfico o web, ofrecen detalles sobre el proyecto que necesitan, plantean una oferta de pago por dicho proyecto y reciben propuestas de cientos de diseñadores de todo el mundo. El diseño ganador se lleva la recompensa ofrecida.
  • Sitios como Lulu.com permiten la publicación y comercialización online de libros (tanto electrónicos como impresos), de forma que cualquiera puede ser su propio editor y ganar dinero ofreciendo sus escritos de forma directa a los clientes.
  • Cafepress.com es una de las muchas páginas que permiten colocar diseños de los usuarios sobre camisetas, tazas y otros objetos para que cualquiera los pueda adquirir.

Estas plataformas tienen que ver, de una forma u otra, con el denominado crowdsourcing, una expresión que viene de las palabras inglesas crowd (multitud) y sourcing (búsqueda de fuente) y se refiere a que las tareas realizadas tradicionalmente por un empleado, ahora pasan a ser responsabildad de un grupo de personas. Jeff Howe fue uno de los primeros autores en emplear el término en sus artículos de la revista Wired y postuló que el crowdsourcing, gracias a articularse a través de convocatorias abiertas, reúne a los más aptos para desarrollar las tareas, responder a problemas complejos y contribuir con las ideas más frescas.

El crowdsourcing es una novedad propia de la web 2.0 que ha permitido, entre otras cosas, que Facebook tradujera su plataforma a múltiples lenguas, gracias a la contribución de miles de usuarios. Muchos de estos proyectos se han basado en aportaciones voluntarias y gratuitas pero pasada la euforia de la web 2.0, es muy probable que el escenario se ordene un poco y que cada vez se vean más micropagos o concursos que premien a los usuarios. De esta forma, desde hace varios años el sitio de vídeos más popular del mundo, YouTube, tiene su programa de partners con el que ofrece la posibilidad de compartir los ingresos de publicidad con los usuarios que más visitas generan a través de sus vídeos. Ya no es todo colaboración gratuita en la web 2.0, cada vez aparecen más las opciones de ganar dinero para aquellos que generan mejores contenidos.

Los actuales sitios web de crowdsourcing, los espacios de comercio electrónico que conectan a creadores y usuarios, así como otras herramientas colaborativas que surgirán en el futuro cercano, van a ser las plataformas perfectas para que e-lancers puedan desarrollar su actividad y aplicar su talento en proyectos de cualquier parte del mundo.

Personalmente estoy convencido de que todo esto no es más que el principio. Desde casa o desde centros de co-working, millones de e-lancers ofrecerán sus servicios, conectados al mundo a través de Internet. Desde artistas prestigiosos a los que se podrá encargar obras de arte para una persona o fin concreto, hasta jóvenes que ofrecerán su influencia en las redes sociales al servicio de marcas que quieran vías alternativas para su promoción. Algunos ganaran millones y otros lo suficiente como para pagarse una cena.

Lo importante es que estamos en una sociedad nueva, más allá de la Sociedad del Conocimiento estamos en la Sociedad del Talento. El talento es el gran recurso que permite innovar, destacarse y diferenciarse en un mundo tan competido como el de hoy. La interconexión global permite al verdadero talento ser más relevante que nunca. En esta nueva sociedad los e-lancers serán los comerciantes del bien más valioso: su propio talento.

(*) Eduardo Albalá es Director de Barrabés América, impulsor de los espacios de coworking y globalización BornGlobal y fundador de la Red Latinoamericana de Expertos en Innovación

Fuente: http://www.innovacion.gob.cl/columna/e-lancers-los-nuevos-emprendedores/

Anuncios

Libro: “Metamorfosis Web. Guía para sobrevivir en la Internet del 2012”

 

Eduardo Albalá, Director de Barrabés América, ha publicado una nueva edición corregida, aumentada y actualizada del libro del mismo autor Web’ 11 que publicó hace un año y medio, para actualizar muchas cosas que ya han cambiado. La edición electrónica está para descarga gratuita. Al final de esta reseña está el link para descargarlo. A continuación un extracto de la Introducción del nuevo libro:

Introducción

Internet sigue creciendo, no sólo en número de usuarios sino también en número de usos, soportes y aplicaciones. Como muestra de crecimiento, podemos ver el siguiente gráfico, creado por la compañía de investigación de mercados Domo:

Infografía con la actividad en Internet cada minuto.

Esta infografía esta creada con los datos disponibles a mediados del 2012 e incluyen cifras como los dos millones de búsquedas por minuto en Google, los 648 mil elementos compartidos en Facebook o los 100 mill mensajes en Twitter, todo ello cada minuto. Está claro que los medios sociales han hecho crecer todavía más la red en esta época de la Web 2.0.  Esta expresión se ha asociado a cuatro aspectos clave de la nueva ola que comenzó a invadir Internet hace unos años:

1) • Las plataformas y ambientes colaborativos (desde YouTube hasta Facebook, pasando por la Wikipedia) donde son los propios usuarios los que generan el contenido.

• 2) Una nueva organización de la información, a través de etiquetas (o tags) en lugar de con árboles de clasificación y buscadores (como Google) en lugar de directorios.

•3)  La sensación de estado Beta (o en pruebas) continuo. No importa lanzar las cosas aunque no estén del todo cerradas, lo importante es que evolucionen con los usuarios.

4)    Multiplataforma, la Web salta de los ordenadores a otros dispositivos como teléfonos, televisiones, libros electrónicos, etc.

Además hay otras cuestiones que se asocian de una forma u otra a la Web 2.0, como el auge del software libre y el código abierto, o la aparición de la Nube (the cloud computing), es decir, la red como plataforma en sustitución de los soportes basados en sistemas locales.

Los cambios de la Web 2.0 han sido tremendamente importantes, ya que no se han quedado únicamente en un entorno tecnológico sino que han conllevado significativos cambios sociales. La proliferación de plataformas de creación (como los blogs), de comunicación, de participación y las redes sociales, han traído consigo la aparición de una sociedad mucho más comunicada e interconectada.

Sin embargo, muchos de los procesos que caracterizaron la Web 2.0 ya han dado la mayor parte de sus frutos y otros están inmersos en una transformación que ya supera los conceptos iniciales. Este paulatino agotamiento o transformación del recorrido de la Web 2.0 hace que algunos autores hablen de una Web 3.0.

La expresión Web 3.0 fue acuñada por John Markoff, periodista que hace las veces de corresponsal del New York Times en Silicon Valley, en el año 2006. La expresión se refería a la futura tercera generación de servicios basados en Internet que podrían caracterizarse por una Web Inteligente y que incluirían algunos conceptos como la Web Semántica, las búsquedas en lenguaje natural, el aprendizaje de las máquinas, los agentes recomendadores y las tecnologías relacionadas con inteligencia artificial, entre otras.

La base de esta interpretación de la Web 3.0 es que las máquinas podrán procesar la información de una forma más inteligente, dándonos mayor productividad y una experiencia de usuario más instintiva.

Sobre esta definición de la Web 3.0, creo que vale la pena extraer algunos conceptos para explicarlos y reflexionar un poco más sobre en qué medida estamos o no en ese camino: la Web Semántica, el Lenguaje Natural y las Máquinas Inteligentes.

Descargue el libro completo gratis aquí:

Libro: “Metamorfosis Web. Guía para sobrevivir en la Internet del 2012”

Innovar y emprender: intuición o racionalidad

Eduardo Albalá (*) señala que las ideas de negocio no valen nada si no se ponen en marcha así que, ante la falta de información perfecta, sse debe confiar más en la intuición y ser rápido.

Habitamos un mundo enorme, con casi 7 mil millones de personas, muchas de ellas interconectadas a través de internet, al igual que interconectadas están las economías de sus países, las tendencias de consumo, los avances científicos y los logros tecnológicos. Un mundo demasiado complicado como para tener datos certeros y más aún si pensamos en la rapidez con la que se producen los cambios. Seguramente, para predecir el futuro en este mundo de hoy, es mucho más útil tener buena intuición, que un informe comercial de hace tres años.

El Profesor Gerd Gigerenzer, psicólogo del Instituto Max Planck para el Desarrollo Humano de Berlín, es experto en heurística y explica con un sencillo ejemplo cómo, en ocasiones, más información no lleva a mejores decisiones:

Imagina que en concurso realizan la pregunta: ¿Qué ciudad tiene más habitantes, Detroit o Milwaukee? En un experimento se hizo esta pregunta a ciudadanos estadounidenses  y hubo división de opiniones, de tal forma que sólo el 60% se inclinó por Detroit (respuesta correcta). Después se hizo esta misma prueba con alemanes, que obviamente sabían menos sobre Estados Unidos pero pese al mayor desconocimiento (o quizá gracias a él), el 90% de los alemanes contesto correctamente. En este caso se aplica una regla general muy sencilla, denominada heurística de reconocimiento: escoge lo que conozcas (a los alemanes sólo les sonaba Detroit y no habían oído sobre Milwaukee). Fenómenos similares se dan en las previsiones sobre campeonatos de fútbol, donde las apuestas y predicciones de los que menos saben de fútbol, sistemáticamente son igual de buenas que las de los expertos, y a veces mejores. Los no expertos disponen de conocimiento parcial y, por tanto, pueden basarse en reglas generales, sencillas y poderosas.

La intuición es muchas veces una buena consejera y la ciencia que más se aproxima a explicar la intuición es la heurística. La heurística es la técnica o procedimiento práctico para resolver problemas. Es el estudio del conjunto de caminos que llevan a los descubrimientos o a la resolución de cuestiones mediante la creatividad y de cómo elegimos unos caminos u otros. Según el matemático George Pólya, la base de la heurística está en la experiencia de resolver problemas y en ver cómo otros lo hacen. Podemos decir que hay búsquedas ciegas, búsquedas heurísticas y búsquedas racionales.

Es importante considerar el pensamiento heurístico y su relación con la percepción, la intuición y el pensamiento no racional. Es evidente que ante el lanzamiento de un proyecto o la creación de una nueva empresa, no queremos ir totalmente a ciegas pero tampoco podemos pretender tener todos los datos necesarios para realizar una decisión totalmente racional.

No todos los contextos son iguales. Hace ya más de 15 años que la supercomputadora Deep Blue de IBM consiguió derrotar al campeón del mundo de ajedrez, Kaspárov, en un encuentro a seis partidas, sin embargo no se ha dado el mismo avance de la inteligencia artificial en el póker. Las computadoras parten con ventaja en el ajedrez, al ser capaces de realizar un gran número de cálculos estrictamente lógicos sin errores, pero tienen poca o ninguna comprensión de los factores que afectan al juego del póker, tales como la psicología humana y la gestión de información imperfecta. La mayoría de los negocios se parece más al póker que al ajedrez, y por tanto la intuición cobra más peso frente a la racionalidad pura.

Un gran número de las decisiones que tomamos en la vida no son analizadas y resueltas de forma racional. Podemos ser seguidores del peor equipo de fútbol del campeonato. Votamos a un candidato o partido por convicciones más allá de análisis de los programas políticos. Elegimos buena parte de nuestro consumo llevados por ciertos gustos casi instintivos. Nos enamoramos por pasión, a veces de forma inexplicable e incluso contraria a nuestros intereses racionales.

Cuando buscamos estacionamiento en la calle, no salimos con una cinta métrica y comparamos la longitud de nuestro vehículo con el hueco libre que hemos encontrado. Nuestro cerebro infiere el espacio disponible y toma la decisión de si podemos aparcar o no. En la medida en la que un conductor es más experimentado, el porcentaje de acierto sobre si el coche cabe o no se acercará al 100%.

En los negocios pasa igual. No podemos pretender tener toda la información, cuantificada, exacta y reflejada en un informe. Nunca la vamos a tener completa, menos si se refiere al futuro, todavía menos en un entorno tan interconectado y cambiante. Necesitamos otros mecanismos.

Algunos lo llamarán intuición, otros buen criterio, la clave es el reconocimiento de patrones, saber identificar el camino que llevan las cosas y hacia donde es probable que vaya ese camino. La fórmula para entrenar y mejorar la intuición es ser capaz de tomar decisiones incluso con riesgo y afrontar las consecuencias. La frustración y la rabia que generan los fracasos, nos enseñan sobre los caminos equivocados y generan marcadores que nos ayudan a tomar mejores decisiones en el futuro. También la observación y el buen juicio ayudan.

¿Es necesario tener información? Sí pero sobre todo hay que actuar, nunca llegar a la parálisis por el análisis. John Lassiter, director creativo en la compañía de animación Pixar, es muy consciente de que cada película lleva 4 años de trabajo y que el producto final es resultado de muchas fases de trabajo, dependientes cada una de anterior. En los procesos creativos se cometen errores, se toman caminos equivocados o aparecen mejoras claras que se pueden aplicar sobre lo anterior, lo que Lassiter dice es “be wrong as fast as you can!” (Equivócate lo antes posible). Equivocarse lo más rápido posible es la mejor forma de pasar a la siguiente opción sin mayor costo de tiempo, esfuerzo y dinero.

La lección de Lassiter se puede trasladar a muchos ámbitos de la innovación y la creación de negocios. A menos que estemos ante un costo asociado al fracaso que no se pueda asumir, es mejor equivocarse cuanto antes que estar dando vueltas sobre si una idea se pone en marcha o no. En un mundo tan rápido como el de hoy, hay que tener muy en cuenta el costo de oportunidad de no hacer nada por estar esperando más datos.

Las ideas de negocio no valen nada si no se ponen en marcha así que, ante la falta de información perfecta, confiemos más en la intuición y seamos rápidos (aunque sea para equivocarnos).

(*) Director de Barrabés América, impulsor de los espacios de coworking y globalización BornGlobal y fundador de la Red Latinoamericana de Expertos en Innovación

Fuente: http://www.innovacion.gob.cl/columna/innovar-y-emprender-intuicion-o-racionalidad/

Autoempleado y emprendedor no son sinónimos

negocios1

Por Eduardo Albalá *

Jean-Baptiste Say es un economista francés que en el siglo XIX comenzó a utilizar la pala­bra emprendedor (entrepreneur) para definir a aquel que toma las riendas de la empresa, como intermediario entre el capital y la fuerza de trabajo, moviendo dichos recursos econó­micos hacia las áreas de mayor productividad.

La semana pasada estuve en Panamá traba­jando en la innovación con un buen número de emprendedores y constaté que, en ocasiones, utilizamos expresiones como emprendedurismo, creación de empresas o autoempleo de forma in­distinta. Creo que es conveniente aclarar dichos términos, ya que autoempleado y emprendedor pueden no significar lo mismo, incluso ser térmi­nos totalmente opuestos.

Desde mi punto de vista, para distinguir entre autoempleado y emprendedor, hay que a tres puntos clave: la aspiración, la gestión y el éxito.

El emprendedor debe tener la aspiración de hacer crecer su proyecto empresarial. Podríamos decir que todos los negocios tienen vocación de crecer, sin embargo hay dos situa­ciones muy comunes que crean importantes obstáculos:

Aquellos autoempleos o pequeños ne­gocios que nacen para prestar un servicio de cercanía, o basan su comercialización úni­camente en contactos personales, sin ofrecer nada claramente diferente a lo existente. En esta categoría entrarían desde el vendedor de caramelos del semáforo, hasta una cafete­ría, panadería o restaurante sin ningún com­ponente manifiestamente diferencial. Para que estos negocios logren crecer, deben ir más allá de los clientes con los que tienen una re­lación de cercanía, base de su estrategia de en­foque. Para crecer deberían salir de dicha zona de confort y además competir contra otros ne­gocios prácticamente iguales, o incluso mejo­res (que quizá sí cuenten con claras estrategias de costos o diferenciación).

Existen profesionales independientes que realizan una actividad basada en sus cualifi­caciones o habilidades especiales. Estaríamos hablando de un médico con un consultorio independiente, un abogado, o incluso un artista, de los que se valoran cualidades per­sonales e intransferibles. En la medida en la que permanezca esa intrasferibilidad de las características diferenciales y exitosas, serán negocios destinados a no crecer más allá de su fundador.

Por tanto, para que un negocio pueda cre­cer debe hacerlo partiendo de una propuesta novedosa, claramente diferenciada de lo exis­tente. Además, ese valor diferencial deberá residir en un concepto replicable y no única­mente en las características personales de la persona que abre el negocio. Para impulsar este tipo de negocios es necesaria la visión de un emprendedor.

La voluntad de querer ofrecer algo nuevo es fundamental para identificar al emprendedor con capacidad de crecimiento.

El segundo punto clave será la gestión. El autoempleado solo se preocupa del día a día, el emprendedor debe tener resuelto ese día a día para alcanzar su visión empresarial. La visión del emprendedor va más allá de un territorio o una oportunidad concreta, querrá llevar su idea tan lejos como le sea posible.

El autoempleado, por lo general, solo se apoya en otros trabajadores para tareas menores, no delega sino que tiene ayudantes, no contrata nunca a nadie más “listo” que él. El emprendedor busca profesionales que le complementen, que le superen en materias específicas, que le ayuden a seguir la visión de su empresa.

negocios2Por último será necesario cierto éxito em­presarial, que impulse al emprendedor a seguir desarrollando su idea y posibilite el crecimiento. Algunos empresarios empie­zan como emprendedores y sin embargo, acaban como autoempleados, bien porque se quieren ocupar de todo, centrándose en la operación y no en la visión, o bien porque el negocio lanzado no tiene tanto recorrido como se esperaba.

En definitiva, el emprendedor debe querer, saber y poder. Querer seguir una visión, sa­ber seguirla más allá de sus propias habilida­des y poder llevar a cabo su idea con éxito y aceptación del mercado.

Los estudios del Global Entrepeneurship Monitor revelan la existencia de una curva que correlaciona el número de nuevos nego­cios con la renta per cápita de cada país. Si­guiendo esta curva se puede ver claramente como en los países con menor desarrollo, la tasa de creación de nuevos negocios es la más alta. El problema es que muchas de esas em­presas son informales y únicamente aprove­chan la oportunidad de ganar un salario casi de subsistencia.

Conforme pasamos a economías más desarro­lladas, va disminuyendo este ritmo de creación de nuevas empresas. Las razones van desde que los mercados son más maduros, la existencia de más regulaciones para evitar la economía informal, hasta qué tanto las posibilidades de empleos for­males como las ayudas sociales existentes, desin­centivan el “buscarse la vida”.

Cuando llegamos a las economías más punteras, en las que la innovación es el mo­tor principal, la tasa de creación de empre­sas asciende de nuevo, ya que el ambiente es propicio a nuevas propuestas tecnológicas, o modelos de negocio disruptivos.

Por lo tanto, no es difícil concluir que las economías menos desarrolladas son más pro­clives a la generación de autoempleos, mien­tras que aquellas donde la innovación es la fuerza principal, generan más emprendedo­res con posibilidades de generar crecimiento económico. Por supuesto hay notables excep­ciones, como toda la frugal innovation que se genera en lugares como India, China o inclu­so en Latinoamérica, pero esto merece otroartículo completo.

Los emprendedores son fundamentales para generar empleo, datos recientes revelan que el 50 por ciento de los puestos de trabajo de Estados Unidos son creados por empresas con menos de cinco años. Los autoemplea­dos solucionan el problema del desempleo, aunque en algunas economías lo hacen a través del subempleo. Los emprendedores son muchos más importantes ya que gene­ran empleo de calidad, valor para los clien­tes, empresas competitivas, mayor eficiencia en la economía, innovaciones e industrias exportadoras. Es fundamental, en especial para las políticas públicas, distinguir entre emprendedores y autoempleados, para sa­ber a qué apostar. Bajo mi punto de vista, el reto en las economías latinoamericanas será saber impulsar el emprendedurismo real y no únicamente caer en la tentación política de mantener el autoempleo.


* Eduardo Albalá es director de Barrabés América, impulsor de los espacios de cowor­king y globalización BornGlobal y fundador de la Red Latinoamericana de Expertos en Innovación.

Fuente: http://newsweek.mx/index.php/Negocios/autoempleado-y-emprendedor-no-son-sinonimos.html

¿Cuál es la mejor edad para iniciar un negocio?

Columna de Eduardo Albalá donde asegura que independientemente de la edad, todo emprendedor necesita tener una clara visión y ser perseverante.

Somos muchos los que solemos identificar la figura del emprendedor con una persona joven. Incluso en los últimos años se ha construido esa imagen arquetípica del joven emprendedor tecnológico, encarnada en tipos como Mark Zuckerberg, el fundador de Facebook, que con 28 años recién cumplidos ya es una de las personas más ricas del mundo. También parece los inversores de lugares como Silicon Valley, prefieren financiar a los jóvenes, buscando participar del éxito del próximo Facebook.

La adoración que se respira en Silicon Valley alrededor de los emprendedores más jóvenes tiene cierta lógica, en especial si nos fijamos específicamente en proyectos relacionados con Internet o la tecnología móvil. En estos ámbitos, los jóvenes tienen la gran ventaja de partir sin ideas preconcebidas, así como de haber nacido en un mundo donde los celulares e internet son las formas normales de comunicarse. Además tienen el ímpetu necesario para idear soluciones que resultan del todo naturales para ellos y que, sin embargo, pueden resultar demasiado extrañas o rompedoras para el resto. Son los que dominan el lenguaje de la tecnología de hoy y es normal que tomen la delantera a la hora de crear empresas innovadoras para celulares e Internet.

Es tal la obsesión por lo jóvenes en determinados ambientes, que recuerda a la película “La Fuga de Logan” o “Fuga en el siglo XXIII“, como se llamo en otros países, (Logan’s Run en su versión original). En este filme, los humanos del año 2116, llevan en su mano derecha una especie de chip, o cristal, que se activa a los 30 años indicando que deben desaparecer para dejar espacio a los más jóvenes. Desde este punto de vista, no son pocos los que animan a aprovechar la juventud y su impulso innovador, incluso a costa de abandonar la escuela o la universidad. Mark Zuckerberg, Bill Gates y Steve Jobs tienen en común que crearon Facebook, Microsoft y Apple, respectivamente, antes de terminar la universidad, y de hecho la abandonaron. Sin embargo, también hay miles de casos de jóvenes que tampoco terminaron sus estudios y no les fue tan bien.

Una investigación dirigida por el académico, escritor y emprendedor Vivek Wadhwa, fijó en 39 años la media de edad de los fundadores de empresas de tecnología exitosas (con facturación real) en Estados Unidos. Si tomamos el GEM (Global Entrepeneur Monitor) de Chile publicado en mayo del 2012 (ver nota relacionada), podemos constatar que la edad media de los emprendedores en etapas iniciales es de 37 años. De hecho, según este mismo informe, en Chile el porcentaje de población emprendedora (que declara estar iniciando un negocio) entre 55 y 64 años, es ligeramente superior al porcentaje de emprendedores existente entre los jóvenes de 18 a 24 años.

Uno de los componentes claves de la innovación y de los emprendimientos, es la creatividad. En ocasiones se asocia esa cualidad a los jóvenes, por su capacidad de ser más transgresores, pero lo cierto es que Newton publicó sus leyes de gravitación universal a los 44, Galileo creo su primer telescopio a los 45, Franklin descubrió los principios de la electricidad a los 46, Volta desarrolló la primera pila eléctrica con 55 y Steve Jobs presentó el Ipad con 54 años.

La mayoría de las veces, las grandes ideas por sí mismas no llevan a tecnologías de vanguardia o a empresas de éxito. Ideas hay muchas, pero el valor proviene de la traducción de dichas ideas a invenciones, y de las invenciones a empresas de éxito. Para llevar todo esto a cabo, hay que colaborar con otros profesionales, obtener financiamiento, entender los mercados y la construcción de los precios, desarrollar canales de distribución y afrontar cuestiones como el rechazo y el fracaso. En otras palabras, se necesitan habilidades empresariales, de gestión y sobre todo, madurez. Y eso es algo que viene con la educación, la experiencia y la edad.

A pesar de que los más jóvenes pueden saberlo todo acerca de los medios sociales mucho antes de concluir sus estudios, es muy poco probable que entiendan las complejidades de otras industrias más maduras o con mayor complejidad técnica, o incluso simplemente de la gestión de las relaciones humanas necesarias para triunfar.

Drea Knufken, economista y escritora opina que “no hay una edad mejor que otra para iniciar un negocio“, ya que a medida que las personas crecen, simplemente cambian unas ventajas por otras y no importa el “cuándo” sino el “qué”.

Independientemente de la edad, todo emprendedor necesita tener una clara visión, tener la energía para poner en marcha el mecanismo que persiga dicha visión y sobre todo, perseverancia. Además, es bueno que el emprendedor se rodee de equipo, colaboradores, mentores y es ahí donde también puede buscar las personas complementarias que le ayuden a desarrollar un proyecto más equilibrado y completo. A la hora de innovar, aprovechemos lo mejor de la juventud y lo mejor de la experiencia.

Fuente: http://www.innovacion.gob.cl/columna/cual-es-la-mejor-edad-para-iniciar-un-negocio/

En qué innovar en Latinoamérica

Por Eduardo Albalá, Director de Barrabés América

En la región, la mayoría de las innovaciones y emprendimientos se dirigen sólo a una pequeña parte de la población, dejando al resto fuera.

 De forma frecuente, tengo la suerte de compartir talleres de innovación en diferentes países de América Latina, tanto para directivos de multinacionales, como para empresarios de Pymes y sobre todo, para emprendedores. Todas estas personas son las que impulsan la innovación empresarial en nuestros países y por lo general, pertenecen a un segmento social, cultural y económico similar. Los hombres y mujeres que crean o desarrollan empresas en Chile, México, Panamá o Perú, suelen estar bien preparados académicamente y cuentan con algo de financiamiento personal, o cuando menos, no tienen una necesidad apremiante de destinar toda su renta a subsistir. La gran mayoría de estas personas, por su nivel de ingresos personal o familiar, pertenecerían a lo que en Europa o Estados Unidos corresponde a la clase media o media-alta. En estos países, dicho segmento cubre prácticamente el 80% de la población, sin embargo, en Latinoamérica estas personas están dentro del 20% o 30% de la población con ingresos más altos.

Otra cosa fácil de observar entre los emprendedores, es que suelen abrir los negocios que a ellos mismos les gustarían como usuarios. Crean los productos y servicios que cada uno de ellos necesita o que les gustaría consumir. En las últimas semanas he conocido muchos emprendedores, entre ellos a los impulsores de un espacio de coworking de Chile que han creado un muy buen sistema de software para el control de centros de negocio similares al suyo, a una chica panameña aficionada a la moda vintage que ha inaugurado una tienda de este tipo de ropa en el casco histórico de la ciudad del canal, a una familia de Uruguay que ha abierto una ludoteca en su ciudad para niños como los suyos, o a un peruano que ha montado una cevichería en la Ciudad de México. Todos tienen en común que hacen negocios pensados para gente como ellos, es lo normal, es el público objetivo que mejor conocen, del que tienen más información y al que les resulta más fácil llegar para promocionar su oferta.

Al unir las dos observaciones descritas, el resultado es que los emprendedores suelen ser gente de los estratos sociales más altos de la población, que hacen negocios para la gente como ellos. Dicho de otra forma, en Latinoamérica como conjunto, la mayoría de las innovaciones y emprendimientos se dirigen sólo a una pequeña parte de la población, dejando al resto fuera.

Además, los negocios de América Latina que se dirigen hacia los grupos de población de clase media-alta, tienen que competir con empresas muy evolucionadas, que se enfocan en este mismo segmento de clientes pero en otras partes del mundo. En Europa y Estados Unidos, los mercados de la clase media abarcan un porcentaje de población mucho mayor a aquella que tiene un comportamiento de consumo equiparable en Latinoamérica. El hecho de que haya un grupo de consumo tan grande al que enfocarse, ha dado lugar a mercados muy evolucionados y maduros, con compañías enormes apoyadas en soluciones muy eficientes, que tienden a ocupar todos los eslabones de la cadena productiva (diseño, producción, comercialización directa). Estamos hablando de multinacionales como Zara en textil o Ikea en muebles, que han crecido hasta convertirse en líderes mundiales en pocos años. Hasta cierto punto, es natural, que las mayores innovaciones para la clase media se produzcan en aquellas zonas del mundo con cientos de millones de personas en ese estrato social (la mayoría de las grandes empresas de bienes de consumo provienen de Europa, Estados Unidos o Japón).

En América Latina queda una gran parte de la población (la de bajos recursos) de la que salen pocos emprendedores dinámicos (por las dificultades de financiamiento, problemas de educación y capacitación) y en el que tampoco suelen pensar los innovadores, ni los locales, ni los extranjeros (la verdad es que ni Zara, ni Ikea producen pensando en ese grupo de población).

Aunque sea un grupo de menor ingreso, la parte de la población con menores ingresos es un mercado muy interesante (por su ingente tamaño) y a la vez muy desconocido por parte de la mayoría de empresas y emprendedores. Buena parte de la población de rentas altas de la región latinoamericana ignoran casi por completo cómo es el día a día de las personas que habitan las áreas urbanas más deprimidas o las zonas rurales menos desarrolladas. No sabemos cuál es su patrón de consumo, sus parámetros de decisión de compra, la oferta comercial disponible y otros muchos datos que ayudan a generar un planteamiento de negocio o a desarrollar soluciones innovadoras.

Hay mucha gente pensando en negocios para los segmentos más prósperos de la población y muy poca pensando en los segmentos a los que todavía pertenece la mayoría de la gente.

En este contexto surge la Frugal Innovation o innovación frugal, que es la innovación que no busca el óptimo global, sino el óptimo bajo restricciones. Estas restricciones pueden ser causadas por la falta de recursos, de acceso a comunicaciones, redes eléctricas, redes de comercialización, infraestructuras, etc. Es bajo esta visión que la división de General Electric en la India logró desarrollar una máquina de electrocardiograma que reduce el costo de paciente a menos de 10 rupias (algo así como 20 centavos de dólar americano), que gracias a sus baterías permite operar hasta un mes en un poblado sin electricidad y que, además, se vende a los médicos por unos 500 dólares y con financiamiento a tres años. Es en la India donde surgen la mayoría de ejemplos de frugal innovation, desde vehículos, a computadoras o teléfonos celulares. También en América Latina empezamos a encontrar algunos ejemplos que siguen esta filosofía, como las cooperativas que proveen de suelos a las viviendas más modestas en Colombia o la utilización de botellas de plástico colgadas en el techo, para iluminar con luz solar las estancias interiores de las viviendas más humildes y que, tras surgir en Brasil, ya se está adoptando como solución en varias partes del mundo.

Sólo hace falta levantar la mirada para ver múltiples oportunidades para aplicar la filosofía de la frugal innovation en América Latina. Las salas de cine, por ejemplo, se ha innovado mucho en salas de cine “para ricos” y sin embargo están cerrando la gran parte de las que se encuentran en barrios o pueblos con mayoría de población de recursos bajos.

Innovar y crear nuevos negocios dirigidos a la base de la pirámide no es sólo un ejercicio social (por la inclusión que supone de cierta parte de la población) es también una gran oportunidad de negocio. La clave está en fijar el foco creativo en esa base de la pirámide, saber más sobre el comportamiento y motivaciones de estas personas, y finalmente rediseñar los productos y procesos, dejando a un lado los costos innecesarios para centrarse en las cuestiones que realmente aportan valor.

Hay que innovar en todo y para todos.

Fuente: http://www.innovacion.gob.cl/columna/en-que-innovar-en-latinoamerica/

Autoempleado y emprendedor no son sinónimos

Columna de Eduardo Albalá, Director de Barrabés América.

Jean-Baptiste Say, es un economista francés que en el siglo XIX comenzó a utilizar la palabra emprendedor (“entrepreneur”) para definir a aquel que toma las riendas de la empresa, como intermediario entre el capital y la fuerza de trabajo, moviendo dichos recursos económicos hacia las áreas de mayor productividad.

La semana pasada estuve en Panamá trabajando en la innovación con un buen número de emprendedores y constaté que, en ocasiones, utilizamos expresiones como emprendedurismo, creación de empresas o autoempleo de forma indistinta. Creo que es conveniente aclarar dichos términos, ya que autoempleado y emprendedor pueden no significar lo mismo, incluso ser términos totalmente opuestos.

Desde mi punto de vista, para distinguir entre autoempleado y emprendedor, hay que atender a tres puntos clave: la aspiración, la gestión y el éxito.

El emprendedor debe tener la aspiración de hacer crecer su proyecto empresarial. Podríamos decir que todos los negocios tienen vocación de crecer, sin embargo hay dos situaciones muy comunes que crean importantes obstáculos:

Aquellos autoempleos o pequeños negocios que nacen para prestar de un servicio de cercanía, o basan su comercialización únicamente en contactos personales, sin ofrecer nada claramente diferente a lo existente. En esta categoría entrarían desde el vendedor de caramelos del semáforo, hasta una panadería, cafetería o restaurante sin ningún componente manifiestamente diferencial. Para que estos negocios logren crecer, deben ir más allá de los clientes con los que tienen una relación de cercanía, base de su estrategia de enfoque. Para crecer deberían salir de dicha zona de confort y además competir contra otros negocios prácticamente iguales, o incluso mejores (que quizá si cuenten con claras estrategias de costos o diferenciación).

Los profesionales independientes que realizan una actividad basada en sus cualificaciones o habilidades especiales. Estaríamos hablando de un médico con un consultorio independiente, un abogado, o incluso a un artista, de los que se valoran cualidades personales e intransferibles. En la medida en la que permanezca esa intrasferibilidad de las características diferenciales y exitosas, serán negocios destinados a no crecer más allá de su fundador.

Por tanto, para que un negocio pueda crecer debe hacerlo partiendo de una propuesta novedosa, claramente diferenciada de lo existente. Además, ese valor diferencial deberá residir en un concepto replicable y no únicamente en las características personales de la persona que abre el negocio. Para impulsar este tipo de negocios es necesaria la visión de un emprendedor.

La voluntad de querer ofrecer algo nuevo es fundamental para identificar al emprendedor con capacidad de crecimiento.

El segundo punto clave será la gestión. El autoempleado sólo se preocupa del día a día, el emprendedor debe tener resuelto ese día a día para alcanzar su visión empresarial. La visión del emprendedor va más allá de un territorio o una oportunidad concreta, querrá llevar su idea tan lejos como le sea posible.

El autoempleado, por lo general, sólo se apoya en otros trabajadores para tareas menores, no delega sino que tiene ayudantes, no contrata nunca a nadie más “listo” que él. El emprendedor busca profesionales que le complementen, que le superen en materias específicas, que le ayuden a seguir la visión de su empresa.

Por último será necesario cierto éxito empresarial, que impulse al emprendedor a seguir desarrollando su idea y posibilite el crecimiento. Algunos empresarios empiezan como emprendedores y sin embargo, acaban como autoempleados, bien porque se quieren ocupar de todo, centrándose en la operación y no en la visión, o bien porque el negocio lanzado no tiene tanto recorrido como se esperaba.

En definitiva, el emprendedor debe querer, saber y poder. Querer seguir una visión, saber seguirla más allá de sus propias habilidades y poder llevar a cabo su idea con éxito y aceptación del mercado.

Los estudios del Global Entrepeneurship Monitor revelan la existencia de una curva que correlaciona el número de nuevos negocios con la renta per cápita de cada país. Siguiendo esta curva se puede ver claramente como en los países con menor desarrollo, la tasa de creación de nuevos negocios es la más alta. El problema es que muchas de esas empresas son informales y únicamente aprovechan la oportunidad de ganar un salario casi de subsistencia.

Conforme pasamos a economías más desarrolladas, va disminuyendo este ritmo de creación de nuevas empresas. Las razones son desde mercados son más maduros, la existencia de más regulaciones para evitar la economía informal, y que tanto las posibilidades de empleos formales como las ayudas sociales existentes, desincentivan el “buscarse la vida”.

Cuando llegamos a las economías más punteras, en las que la innovación es el motor principal, la tasa de creación de empresas asciende de nuevo, ya que el ambiente es propicio a nuevas propuestas de tecnológicas, o modelos de negocio disruptivos.

Por lo tanto, no es difícil concluir que las economías menos desarrolladas son más proclives a la generación de autoempleos, mientras que aquellas donde la innovación es la fuerza principal, generan más emprendedores con posibilidades de generar crecimiento económico. Por supuesto hay notables excepciones, como toda la frugal innovation que se genera en lugares como India, China o incluso en Latinoamérica, pero esto merece otro artículo completo.

Los emprendedores son fundamentales para generar empleo, datos recientes revelan que el 50% de los puestos de trabajo de Estados Unidos son creados por empresas con menos de cinco años. Los autoempleados solucionan el problema del desempleo, aunque en algunas economías lo hacen a través del subempleo. Los emprendedores son muchos más importantes ya que generan empleo de calidad, valor para los clientes, empresas competitivas, mayor eficiencia en la economía, innovaciones e industrias exportadoras. Es fundamental, en especial para las políticas públicas, distinguir entre emprendedores y autoempleados, para saber a qué apostar. Bajo mi punto de vista, el reto en las economías latinoamericanas será saber impulsar el emprendedurismo real y no únicamente caer en la tentación política de mantener el autoempleo.

Fuente: http://www.innovacion.gob.cl/columna/autoempleado-y-emprendedor-no-son-sinonimos/