El futuro de la innovación en América Latina

Columna de Salvador Aragón. Hay un consenso regional en torno a la necesidad de que nuestras economías sean capaces de aprovechar la innovación.

Desde un punto de vista antropológico, la innovación es una respuesta natural del ser humano ante la incertidumbre que conlleva el futuro. La innovación hizo posible el cambio tecnológico que supuso la aparición de la industria lítica en nuestros ancestros más lejanos, la emergencia de las sociedades agrícolas o la aparición de la economía industrial. Por ello, es muy difícil discrepar de opinión que define la innovación como un elemento clave en la prosperidad económica.

Dentro de la región latinoamericana encontramos un amplio consenso en torno a la necesidad de que nuestras sociedades y economías sean capaces de generar y aprovechar la innovación. Sin embargo, este consenso en el diagnóstico ni se traslada a un modelo claro que impulse la innovación. De hecho, al igual que ocurría en el cuento borgiano, la innovación en la región se asemeja a ese jardín cuyos senderos se bifurcaban para cruzarse, unirse, cortarse o ignorarse más tarde.

El punto de partida de los múltiples senderos para la innovación es la propia realidad regional. De acuerdo a uno de los indicadores más utilizaos para valorar el esfuerzo innovador: el gasto en Investigación y Desarrollo (I+D), la situación latinoamericana es preocupante con un promedio regional en torno al 0,67% del PIB, muy por detrás del 2,8% en el que se encuentra la media de la OCDE.

Si aumentamos el grado de detalle, percibimos que Brasil y Chile lideran el esfuerzo relativo. En el caso brasileño con un esfuerzo que puede estimarse en un 0,91% de su PIB y en el chileno con un 0,68%. A distancia pueden destacarse por su dimensión México y Argentina con un 0,44%.

Sin embargo, la relación entre el esfuerzo en I+D y el grado de innovación en una economía no es ni sencilla ni lineal. Según la edición del año 2013 del Índice Global de Innovación, publicado por la Universidad de Cornell, INSEAD y la WIPO, el país más “innovador” en la región es Costa Rica (posición 39), seguido por Chile (posición 46), Uruguay (posición 52)y Argentina (posición 56). Los gigantes brasileño y mexicano ocupan respectivamente las posiciones 64 y 63.

Comparando ambas percepciones del fenómeno de la innovación en la región es evidente que la innovación va mucho más allá de las actividades de I+D. De hecho, el modelo tradicional de innovación, a menudo denominado modelo lineal, que centraba su interés en la generación de una infraestructura de I+D, apoyo financiero a la innovación en la empresa y transferencia tecnológica, se ha visto muy superado por la propia complejidad del proceso de innovación empresarial.

Una vez superado el camino marcado por el modelo lineal de la innovación, las economías latinoamericanas ven aparecer ante sus ojos los nuevos senderos a través de los cuales generar innovación y que responden a nombres extraños: el sendero del enjambre, el sendero del campeón local, y el sendero de los espacios locales.

ENJAMBRE DE MICROEMPRESAS DE EMPRENDEDORES

El sendero del enjambre es seguido por aquellos que consideran que poco puede saberse del futuro, y que la única posibilidad de lograr un acierto en un entorno de muy alta incertidumbre es probar una amplia diversidad de alternativas con el menor coste posible. La forma de ejecutar ese modelo es generar un enorme enjambre de microempresas impulsadas por emprendedores que exploren ámbitos muy diversos. Por una mera inferencia estadística, algunas de estas nuevas empresas darán con un nicho innovador que serán capaces de explotar con éxito, tras lo cual podrán crecer y expandirse.

En el modelo del enjambre la clave del esfuerzo innovador es generar un número muy elevado de compañías capaces de explorar lo mejor posible el universo de las oportunidades innovadoras. Su campeón regional es sin duda Chile donde se ha combinado una política de facilitación de creación de nuevas empresas bajo el lema de creación a coste cero en un solo día, con proyectos específicos de atracción global de iniciativas como el programa StartUp Chile. La cifra de 67.000 nuevas empresas creadas en el año 2012 ilustra la intensidad de esta apuesta.

Para aquellos a los cuales asuste la alta mortalidad asociada al modelo del enjambre, nuestro jardín ofrece un camino aparentemente más seguro: el sendero del campeón local. El campeón local es una empresa capaz de alcanzar una dimensión considerable combinando una clara orientación hacia la exportación en los mercados globales, a la vez que disfruta de un mercado local protegido libre de competidores. Este modelo fue el preferido por Japón y los tigres asiáticos en los años 70 y 90, y que hoy justifica la existencia de compañías como Samsung.

Desde el punto de vista de la innovación, un campeón local es capaz de adquirir innovación externa en el mercado mundial y adaptarla en su beneficio, a la vez que de forma creciente puede generar su propia actividad innovadora.

Este sendero ha sido ampliamente seguido principalmente en Brasil. No en vano el porcentaje del gastos I+D financiando por las empresas supera el 42%, muy por encima del 30% del conjunto de la región. Algunas de las empresas que pueden ser calificadas como campeones locales en este caso son EMBRAER, Compañía Vale do Rio Doce (CVRD), y Petroleo Brasileiro (PETROBRAS).

Finalmente, el último de los senderos posibles es el de los espacios locales. Desde el punto de vista de la innovación los espacios locales son espacios geográficos relativamente reducidos donde se aúna una alta concentración de empresas, profesionales, conocimientos y capacidades específicas altamente especializadas en una actividad o industria.

El paradigma ampliamente citado de estos espacios locales es el Silicon Valley en los EE.UU., donde el agregado de instituciones académicas e investigadoras, empresas, posibilidades de financiación y talento, generan un ecosistema que incentiva enormemente la innovación.

La experiencia regional en espacios locales es todavía limitada aunque creciente. Desde el punto de vista de su posible impacto relativo en la economía de país el caso más significativo es el de Uruguay, con iniciativas como el Parque Tecnológico y Científico de Pando.

Estos tres senderos se encuentran disponibles para nuestras economías y empresas. Afortunadamente, y al igual que sucedía en el cuento de Borges, estos senderos se entrecruzan y de hecho, se refuerzan entre sí. De esta forma, un campeón local puede ser el elemento alrededor del cual nuclear un espacio local, dentro del cual es natural la aparición de un enjambre de microempresas altamente especializadas e innovadoras. De hecho, los senderos se entrelazan con el propio jardín produciendo un laberinto: el laberinto de la innovación cuyos caminos jamás pueden ser adivinados.

Fuente: http://www.innovacion.gob.cl/columna/el-futuro-de-la-innovacion-en-america-latina/

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