Productividad e internacionalización: Crecer para exportar, exportar para crecer

Para entender los procesos de internacionalización de las empresas es necesario descender al nivel de su comportamiento y funcionamiento interno. Más allá del coste laboral unitario, toda una serie de factores -tamaño de las compañías, complejidad y conectividad del tejido empresarial o innovación, entre otros- influyen en la productividad de las empresas exportadoras.

Por Javier Fernández

Parece lógico pensar que, si un país pierde competitividad, sus exportaciones tenderán a disminuir. No es el caso de España. En esto, como en otras cosas, Spain is different. Es la denominada “paradoja española” de la que se han hecho eco Rafael Doménech y Mónica Correa-López, del BBVA Research, en su estudio “La internacionalización de las empresas españolas”. En él, los autores han analizado, entre otras cosas, la evolución de las exportaciones españolas desde nuestra incorporación a la UE comprobando que, desde la entrada en vigor del euro en 2002 y pese a que los costes laborales unitarios en España han aumentado un 20% frente al resto de países industrializados, nuestra cuota exportadora mundial ha conseguido mantener el tipo.

En los últimos dos lustros, la incorporación de China, la India y otras economías emergentes al comercio mundial ha provocado una importante disminución de las cuotas de exportación de los principales países industrializados: un 40,5% en el caso de Francia, un 31,9% en Estados Unidos y un 12,2% en Alemania. Sin embargo, en España solo cayó un 8,9%. Esta característica, claramente positiva, que contrasta con la antes mencionada pérdida de competitividad, da lugar a una especie de “paradoja” o “puzzle español”.

La expresión proviene de las investigaciones de Pol Antràs, Rubén Segura-Cayuela y Diego Rodríguez. Estos autores proponen una explicación de la paradoja dejando de lado el análisis agregado de los datos de todo el país y centrándose en las cifras de las empresas exportadoras según su tamaño: los costes laborales unitarios de las más grandes han evolucionado de forma más favorable que el resto; además, sus exportaciones también crecieron a un ritmo mayor que el de las empresas pequeñas y medianas.

El tamaño de las empresas, por tanto, pasa a ser una de las claves, tal y como sugiere el estudio del Banco de España “Indicadores de competitividad: la importancia de la asignación eficiente de recursos”, haciéndose eco del trabajo de Antràs, Segura-Cayuela y Rodríguez: “Las empresas de mayor tamaño habrían tenido un mejor comportamiento de los costes laborales unitarios en la última década y, a la vez, sus exportaciones habrían crecido más que las del resto de empresas. Su diferente peso relativo en el agregado de tales costes laborales y en el del total de las exportaciones, por tanto, podría ayudar a explicar lo que se ha denominado «paradoja española»”. De hecho, las estadísticas de la Fundación Sepi corroboran esta tendencia que también se da en el resto de países industrializados pero se acentúa particularmente en España: el 3,5% de las empresas exportadoras representa el 88% del valor de las exportaciones totales (ver gráfico “Número de empresas por tramos de facturación (2012)” de la sección En Cifras).

Complejidad, conectividad, productividad

El grado de concentración de las empresas es una de las características de la exportación española. Como lo es también el número relativamente pequeño de compañías que vende en el exterior (solo un 12% del total en el caso de bienes y un 9% en el caso de servicios). Así, el problema no es tanto que “haya pocas empresas que exportan como que hay demasiadas empresas de reducido tamaño incapaces de exportar”, según recalcan los investigadores del BBVA Research. Sin embargo, “España cuenta con la ventaja de ser una de las economías con un sector exportador de los más diversificados del mundo, tanto en lo que se refiere a la variedad de productos como al número de países a los que exporta”.

Son los denominados índices de complejidad y conectividad de los sectores productivos. La complejidad de un sector es mayor cuanto menor es el número de países que puede exportar esos bienes o servicios. La conectividad de un sector es mayor cuanto mayor es la capacidad de extender la exportación de bienes y servicios a otros sectores como, por ejemplo, de la energía eólica a la solar. En ambos indicadores, las cifras de España son francamente buenas: en complejidad, más que duplica la media de las exportaciones mundiales (1,32 frente a 0,57); y, en conectividad, la supera en más de un 10% (0,2 frente a 0,18).

Otra palabra sobrevuela constantemente todas estas consideraciones: productividad. “Las empresas españolas de más de 250 trabajadores muestran una productividad un 65% superior a la media, mientras que las de menor tamaño presentan una productividad aproximadamente la mitad de la media. Las grandes empresas españolas son tan productivas como sus homólogas de Estados Unidos”.

Sin embargo, la productividad y, en consecuencia, la internacionalización, no son solo cuestiones de tamaño. Altomonte, Aqulante y Ottaviano, en su estudio “The triggers of competitiveness: The EFIGE cross-country report” señalan el capital humano, la innovación, la disponibilidad de canales específicos de financiación, la política de dirección o la estructura de la propiedad como factores que, conjugados de una forma eficiente y equilibrada, impulsarán el crecimiento de una empresa. En definitiva, una compañía lo suficientemente productiva estará suficientemente equipada para abrir la puerta y salir fuera. Hasta este punto se diría que es una relación causal lineal, pero ¿es así realmente?

El huevo o la gallina

En general, la gran mayoría de los estudios señalan la mejora de la productividad como requerimiento “anterior” a la internacionalización. El citado estudio del Banco de España así lo afirma: “Las empresas exportadoras en un sector (y país) son una minoría (las que mejor se comportan en términos de productividad, tamaño, innovación, etc.). Este rendimiento superior estaría presente antes de que esas empresas exportasen, es decir, exportar sería el efecto, no la causa de la competitividad de una compañía determinada”. Ciertamente, en todos los países industrializados, y en España aún más si cabe, las firmas grandes y más productivas son las que exportan más y mejor (ver tabla). No obstante, no es posible saber a través de estadísticas estáticas, tales como los censos de empresas exportadoras, el camino que cada compañía ha seguido para obtener tal tamaño y tal productividad. Descendiendo de nuevo al nivel de la empresa, sería interesante un análisis histórico de las mismas para conocer su situación antes de comenzar su actividad exportadora y después. Es decir, su punto de partida y de llegada.

Porcentaje de empresas exportadoras por tamaño de empresa, promedio 1990-2010

FUENTE: BBVA RESEARCH A PARTIR DE ESEE, FUNDACIÓN SEPI

*Nota: n hace referencia al número de empleados

Autores como Sourafel Girma, David Greenaway y Richard Kneller abren la puerta a un modelo menos rígido en el que causa y efecto se retroalimentan. En su estudio “Does exporting increase productivity? A microeconometric analysis of matched firms” , introducen el concepto “aprender exportando” (learning by exporting) y dan la vuelta el enfoque habitual. “Hay razones plausibles para creer que, una vez han entrado en los mercados internacionales, las empresas mejoran su productividad. El aprendizaje a través de los clientes, la competencia de otras compañías y, en general, más exposición a mejores prácticas reducen significativamente los costes marginales. Como consecuencia, los exportadores que ya eran eficientes refuerzan su eficiencia por su mera presencia en el exterior”.

Quizás, la mejor manera de entender la relación entre productividad, tamaño e internacionalización sea a través de la metáfora del “círculo virtuoso”, en el que todos los factores se influyen mutuamente para mejorar la eficacia de la empresa, como sugiere Rafael Doménech, economista jefe para Economías Desarrolladas del BBVA Research.

Innovación sí, pero ¿de qué tipo?

Antes se ha mencionado la innovación entre aquellos factores que favorecen la mejora de la productividad. Innovación es un término que se invoca como un mantra con el riesgo de perder de vista su sentido empírico. Para entender el rol de la innovación y su influencia en la internacionalización es conveniente seguir la recomendación de los autores Aoife Hanley y Joaquín Monreal-Pérez que, en su estudio “Are newly exporting firms more innovative? Findings from matched Spanish innovators”, distinguen entre la innovación de productos y la innovación de procesos. Centrándose en las empresas que empiezan a exportar, detectan que la probabilidad de introducir una innovación en los procesos es seis veces mayor que la de hacerlo en el propio producto. “Los exportadores que empiezan mejoran la manera de hacer las cosas, no el producto”, concluyen. Más adelante, ofrecen una explicación interesante a esta preponderancia de la innovación en los procesos. “Los exportadores tienen que adaptar su sistema de producción y reducir costes ante la miríada de necesidades de los mercados internacionales. Un ejemplo es la introducción de herramientas de seguimiento de producto (tracking) a través de Internet para facilitar las transacciones. (…) Las empresas se ven obligadas a buscar soluciones más imaginativas y eficientes para producir y vender productos fuera”.

Girma, Greenaway y Kneller corroboran esta tendencia en otro estudio, Export Market Exit and Performance Dynamics: a causality analysis of matched firms”, centrado en los efectos de la actividad internacional en aquellas empresas que dejan de exportar. En su muestra encuentran que, durante los años siguientes a su salida de los mercados exteriores, caen el empleo y la producción, pero no necesariamente la productividad. Esto lleva a los autores a concluir que la productividad no proviene de haber obtenido economías de escala, sino más bien de una mejora de su eficiencia tecnológica, cuyos efectos persisten a lo largo del tiempo.

No obstante, esta prioridad de los procesos sobre el producto no genera necesariamente una situación deseable. Rafael Doménech, economista del BBVA Research, resalta la necesidad no solo de tener un buen producto sino de mejorarlo, sobre todo si se pretende alcanzar mercados relativamente saturados. Es la manera de hacerse un hueco y más si se tiene en cuenta la creciente importancia de aquellos mercados calificados por el propio BBVA Resarch como EAGLE’s (Export And Growth-Leading Economies), que son: China, la India, Indonesia, Brasil, Rusia, Corea del Sur, Turquía, México y Taiwán. Como señalan Doménech y Correa-López en su citado estudio sobre la internacionalización de las empresas españolas, “los patrones de diversificación geográfica característicos del período precrisis comienzan a reorientarse hacia la penetración en mercados emergentes y de rápido crecimiento. Desde la perspectiva de los países industrializados, la creciente demanda proveniente del mundo emergente supone una oportunidad inigualable para aquellas empresas capaces de adaptar sus productos y penetrar en mercados caracterizados por un nivel creciente de renta per cápita y por el aumento de la clase media en cientos de millones de personas”.

Composición de las exportaciones de bienes por principales áreas geográficas, en porcentaje

FUENTE: BBVA RESEARCH A PARTIR DE DATACOMEX

En definitiva, una gestión equilibrada y planificada de todos los aspectos (procesos y productos) que engloba la rúbrica “innovación” tendrá una influencia decisiva a la hora de superar el ya mencionado umbral mínimo de productividad necesario para hacer girar ese círculo virtuoso que vincula, de manera indisoluble, internacionalización con crecimiento.

  Documentación

La internacionalización de las empresas españolas

M. Correa-López y R. Doménech, ed. BBVA Research, diciembre 2012, 38 págs., en español

The triggers of competitiveness: The EFIGE cross-country report

C. Altomonte, T. Aquilante y G. I. P. Ottaviano, ed. Bruegel, 2012, 80 págs., en inglés

Indicadores de competitividad: la importancia de la asignación eficiente de recursos

A. Crespo Rodríguez, G. Pérez Quirós y R. Segura-Cayuela, ed. Banco de España, diciembre 2011, 10 págs., en español

Are newly exporting firms more innovative? Findings from matched Spanish innovators

A. Hanley y J. Monreal-Pérez, ed. Kiel Institute for the World Economy, septiembre 2011, 11 págs., en inglés

Firms in international trade (with an application to Spain)

P. Antràs, R. Segura-Cayuela y D. Rodríguez-Rodríguez, SERIE’s invited lecture at the XXXV Simposio de la Asociación Española de Economía, diciembre 2010, 71 págs., en inglés

Does exporting increase productivity? A microeconometric analysis of matched firms

S. Girma, D. Greenaway y R. Kneller, ed. Review of International Economics, 2004, 12 págs., en inglés

Export Market Exit and Performance Dynamics: a causality analysis of matched firms

S. Girma, D. Greenaway y R. Kneller, ed. University of Nottingham, junio 2003, 12 págs., en inglés

 

Fuente: http://www.el-exportador.es/icex/cda/controller/PageExportador/0,8723,6735394_6735487_6744019_0_4669013_1,00.html

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