En México, programa creado por FUNDES busca la modernización y competitividad de las MIPYMES

Por Eliesheva Ramos

El curso, llamado Programa de Modernización de Carpinterías Masisa Mi Mueble, creado por FUNDES y apoyado por la Secretaría de Economía (SE) y la empresa Masisa, tiene como principal objetivo detonar un proceso de modernización administrativa, comercial y tecnológica que permita incrementar la competitividad y permanencia en el mercado mexicano de mil carpinterías del país. El programa ofrece consultoría individual y capacitación grupal, lo que permitirá a esas carpinterías responder a las necesidades de sus clientes actuales y potenciales.

En México, de cada cien empresas 96 son microempresas. Su aportación es fundamental para el país ya que generan el 15 por ciento del Producto Interno Bruto. Las carpinterías, al igual que el resto de las microempresas, sobre todo las de tipo tradicional, están siendo amenazadas por la incorporación de modernos conceptos de negocios, explica Mario Díaz Obrajero, director de Microempresas de la Subsecretaría para la Pequeña y Mediana Empresa de la SE.

El programa se engloba en los esfuerzos de la SE por acercar elementos para la modernización de las empresas más pequeñas del país, las que tienen de 1 a 10 empleados, y que son las que más apoyo necesitan, explica Díaz Obrajero. Mi Mueble forma parte del Programa Nacional de Empresas, el cual ha apoyado desde 2007 a tortillerías, misceláneas, panaderías, entre otros giros.

“El sector carpintero ha sido fuertemente atacado por las importaciones, sobre todo las de China, país que envía a México muebles listos para armar de una calidad aceptable y de acuerdo a las tendencias del mercado, contra los cuales los carpinteros mexicanos no pueden competir” explica Alejandro Gutiérrez Jones, coordinador regional del programa Mi Mueble, el cual inició en julio de 2011 y se prolongó un año.

Limitada profesionalización, crecimiento desordenado, rezago tecnológico, altos consumos de energía, imagen comercial descuidada y una administración informal son las principales causas del bajo desempeño de las carpinterías mexicanas, las cuales generan unos 350 mil empleos.

El caso de Lidia Hernández

Lidia, una de las tantas microempresarias mexicanas del sector mueblero, estaba a punto de claudicar cuando la capacitación integral otorgada por el programa Mi Mueble la sacó del atolladero en donde estaba y la guió hacia el camino correcto.

Una tarde de febrero de 2004 Lidia Hernández Cejudo sostenía en sus manos, sorprendida e indignada,  un raquítico cheque por 138 pesos, la cantidad que sus jefes consideraron justa tras su renuncia después de 20 años de arduo y fructífero trabajo.

Lidia era una jovencita inexperta cuando ingresó como secretaria de la Dirección Comercial de una empresa especializada en iluminación en la Ciudad de México. Su tesón, disciplina y constante capacitación lograron que ascendiera hasta llegar a ser la directora del área en la que inició como secretaria. Y es que mientras trabajaba y cuidaba a una familia compuesta por tres hijos y un marido, se dio tiempo para capacitarse. “No estudié cuando debía por problemas familiares, pero en cuanto pude cumplí mi sueño: estudiar decoración” cuenta Lidia, quien se graduó en el Instituto Jofer, ubicado en la céntrica colonia Del Valle, en la capital del país.

Todo marchaba sin contratiempos en su vida laboral cuando sus jefes le pidieron que se asociara con ellos. Aunque agradecida, Lidia rechazó la oferta. “Les expliqué que en un mediano plazo deseaba abrir una empresa propia.” El rechazo de la propuesta ocasionó un cambio radical en la actitud de sus patrones. “Me bloquearon en todos los aspectos hasta que me vi obligada a renunciar”. Lidia abandonó el que fuera su centro de trabajo por dos décadas con las manos vacías pero con unas ganas inmensas de salir adelante.

No había tiempo que perder, sobre todo porque Lidia se había divorciado y debía cubrir los gastos de la casa así como los estudios de su hija menor, quien en ese entonces estudiaba la preparatoria. Lidia se comunicó con los clientes con los que había tratado por años para ofrecerle sus servicios en decoración. Para la elaboración de los proyectos que le solicitaban rentó un local cerca del aeropuerto de la Ciudad de México. Allí Lidia supo que para tener un negocio exitoso hace falta algo más que determinación y entusiasmo. Problemas económicos y de logística la tenían contra la pared. Ante la gravedad de la situación pensó que un poco de apoyo no le vendría mal, así que buscó una socia. La nueva mancuerna trasladó el taller a Cabeza de Juárez, en Iztapalapa. Pero la situación no mejoró. La distancia entre su domicilio y su trabajo, las constantes contradicciones con su socia y la altísima renta por un local de 50 metros cuadrados la ahogaban.

La situación era insostenible así que disolvió la sociedad, dejó de rentar y trasladó su pequeño negocio al patio de la casa de su papá, ubicada en Nicolás Romero, en el Estado de México. Aunque estaba muy desgastada, Lidia aún tenía varios planes en mente y para concretarlos necesitaba dinero, así que solicitó un préstamo bancario.

En julio de 2011 inició la remodelación de la casa paterna, realizó diversos trámites y licencias y compró maquinaria. Extenuantes jornadas laborales, problemas administrativos, discrepancias con el personal o los proveedores por su informalidad en los tiempos de entrega; a todo eso y más se enfrentaba Lidia, quien ya analizaba la oportunidad de rendirse cuando tuvo noticias de un curso para la micro, pequeña y mediana empresa.

Un consultor de FUNDES contactó a Lidia y le explicó de lo que se trataba. “Me di cuenta que había áreas de mi negocio que desconocía por completo, que dependía de un contador o del personal administrativo para asuntos vitales, así que era urgente que conociera por lo menos lo básico para salir adelante” recuerda. “La capacitación estaba dirigida a carpinteros, así que pensé que iban a enseñar a trabajar la madera y me interesé porque uno de mis sueños es crear una carpintería donde sólo laboren mujeres” cuenta emocionada.

Lidia cumplió con los requisitos para la inscripción. El principal era que la empresa estuviera inscrita ante la Secretaría de Hacienda. “El objetivo es que se acerquen a la formalidad” precisa Mario Díaz, de la SE, la cual cubre el 90 por ciento del costo total del programa, que es de 11 mil 500 pesos. El resto es divido entre Masisa y los Placacentros, que son los distribuidores de los productos de Masisa, de tal suerte que el microempresario sólo aporta 389.50 pesos por un curso de dos meses, el cual incluye capacitación general y consultorías personalizadas. “Sin el apoyo del gobierno federal y de aliados como Masisa sería muy difícil que el maestro carpintero accediera a este tipo de cursos” manifiesta Alejandro Gutiérrez Jones.

La falta de administración es el principal problema de este gremio carpintero y mueblero. “La carpintería es un oficio heredado; el abuelo fue carpintero, el padre también e igualmente el hijo, pero todos laboran con la misma administración, así que las posibilidades de que esa carpintería se convierta en un negocio rentable son casi nulas” explica Gutiérrez Jones.

Los microempresarios asistieron una vez a la semana durante tres horas y recibieron capacitación grupal y posteriormente consultorías individuales. El primer módulo, llamado Laboratorio de negocios, es un simulador donde los consultores les hacen ver a los empresarios la importancia que tiene la toma de decisiones a nivel administrativo directamente en su bolsillo. En un ambiente perfectamente controlado los participantes ven cómo una mala decisión puede llevarlos a la quiebra.

Para Lidia este módulo fue trascendental. “El aprendizaje fue inmenso en cada una de las cuatro simulaciones que se hicieron por equipos; a veces diferencias mínimas diferencias entre los grupos se traducían en fuertes ganancias para unos e importantes pérdidas para los otros”.
Este módulo, además de buscar la sensibilización de los microempresarios para el resto del temario, promueve la sinergia entre sus participantes. “Buscamos que hagan alianzas, que se recomienden entre ellos” explica Alejandro Gutiérrez.

De la mala o nula administración de un negocio emanan infinidad de problemas. “No saben costear; suelen hacer un cálculo muy somero que deja fuera diversos factores, lo que redunda en precios tan altos que pierden al cliente o tan bajos que tienen pérdidas” puntualiza el coordinador regional del programa Mi Mueble.

Para mejorar esta situación en el segundo módulo trata sobre costos. Cuando son cuestionados sobre cómo determinan el precio de venta de algún producto, los microempresarios responden que incluyen la materia prima y la mano de obra, y dejan de lado gastos de luz, agua, gasolina, traslados, lo que merma sus utilidades.

Lidia recuerda que cuando acudía al curso recibió una llamada del Instituto Mexicano de la Propiedad Intelectual solicitándole la cotización de la reparación del mobiliario. “Acudí puntual a la cita y pasé todo el día recorriendo las instalaciones para analizar lo que se requería; recuerdo que al término de la inspección, ya muy noche, la persona que me contactó me dijo que yo era la única persona que no cobraba por su recorrido” cuenta.  Esa anécdota ejemplifica que en ocasiones los microempresarios tienen pérdidas o pocas ganancias por no saber englobar en el precio final la totalidad de los gastos que realizan.

En la mayoría de las carpinterías no hay limpieza, orden ni seguridad, así que el tercer módulo va dirigido a mejorar esos aspectos. Con un lenguaje sencillo y mostrándoles ejemplos de empresas renovadas, se les explica a los participantes que realizar mejoras a su negocio no es un gasto sino una inversión. “También vemos que a veces sí cuentan con el equipo de seguridad pero no lo usan porque así trabajaba el abuelo” puntualiza Alejandro Gutiérrez. “Hay muchos vicios de operación que deben erradicarse”.

El cuarto módulo aborda el mercadeo. “Cuando los cuestionamos sobre qué actividades realizan para dar a conocer sus productos y/o servicios la mayoría responde que a través de recomendaciones, lo que significa que le dejan a un tercero una parte fundamental del negocio. Los microempresarios también consideran que sus números rojos son consecuencia de la situación macroeconómica del país, cuando en realidad sus ventas son bajas porque no hay ninguna actividad dentro del negocio que esté dirigida a incrementarlas” puntualiza el coordinador regional del programa.

En este módulo se le proporcionan a los microempresarios las herramientas para que sepan cuál es la mejor manera de publicitar sus productos y servicios, todo esto en congruencia con las nuevas tendencias nacionales. “Hay zonas en las que por motivos de seguridad ya no es conveniente tener un rótulo, o anunciarse en la sección amarilla. Buscamos que conozcan nuevos canales de publicidad”.

Lidia, en mancuerna con su consultor, confirmó en ese módulo lo que sospechaba, que la página de internet que había abierto tiempo atrás con su socia no estaba funcionando, así que empezó a realizarle adecuaciones.

La capacitación es grupal porque se privilegia el diálogo entre empresarios. “Es vital que los participantes conozcan el punto de vista de alguien con la misma actividad, que vean cómo resuelven otros los conflictos que aquejan a todo el gremio” explica Gutiérrez Jones.

Pero como la capacitación por sí sola no rinde frutos, en la última parte del programa Mi Mueble se le ofrece al microempresario un acompañamiento. Las consultorías son individuales; en ellas el consultor platica con el empresario sobre sus debilidades y fortalezas. “Aunque la mayoría tiene problemas con los costos, por ejemplo, no podemos ofrecerles la misma solución a todos porque tienen distintas realidades. A quien tiene computadora le ofrecemos un programa para el cálculo de sus costos, al que no le enseñamos de otra manera de hacerlo” comenta el representante de FUNDES.

La intención de las consultorías es la resolución de dudas adquiridas durante el curso de capacitación. Se guía al empresario para que éste cree un plan de acción con base en los conocimientos adquiridos, el cual posteriormente será evaluado en conjunto y se procederá a la implementación de estrategias.

“La toma de decisiones siempre es en conjunto porque no es deseable que el consultor le resuelva los problemas al empresario, no queremos que depende de nosotros ni de nadie; buscamos que él sea el factor de cambio”
comenta Alejandro Gutiérrez, quien califica al programa Mi Mueble como enriquecedor. “Fue un reto convencer a los empresarios de que la parte administrativa es fundamental para el éxito de su negocio, y que no sólo basta con ser expertos en su oficio.”

Para Leo Schlesinger, director general de Masisa, una empresa dedicada a la fabricación de tableros de madera para muebles y arquitectura de interiores, la inclusión de muebleros y carpinteros a la cadena productiva de una empresa como la que representa, con presencia en  Latinoamérica, tiene efectos productivos importantes para ambas partes. “El carpintero se beneficia del dominio técnico, de tecnologías de administración y de gestión de su propio negocio, mientras que Masisa gana preferencia de marca y fidelidad por parte de los empresarios” comenta Schlesinger.

Buena parte del éxito del programa Mi Mueble, precisa el director general de Masisa, radica en la participación de FUNDES, organización con una magnífica reputación y una larga trayectoria en México promoviendo e impulsando el desarrollo competitivo de las empresas más pequeñas. “Cuenta con excelentes consultores y con la capacidad de llegar a todo el territorio nacional con una propuesta de valor homogéneo. La experiencia ha sido tan productiva que ya estamos explorando otro tipo de programas para llevarlos a cabo en conjunto”.

Ahora que los micro, pequeños y medianos empresarios de los sectores carpintero y mueblero son capaces de diseñar por sí mismos la administración de su negocio es posible decir que el programa Mi Mueble ha sido un éxito para todos, pues se están conservando empleos y se está mejorando la vida de cientos de familias mexicanas.

“Semanas antes de saber siquiera sobre el programa Mi Mueble pensaba en la posibilidad de rendirme; mi hermana me propuso que cambiara de giro, que en el patio de papá mejor abriera una cafetería; me sentía a la deriva, sin saber qué rumbo tomar. Cuando le pregunté al consultor si debía continuar esforzándome me señaló a uno de los participantes del curso quien, a pesar de contar con maquinaria sofisticada tenía problemas en su empresa porque no tenía clientes, así que yo, que sí tenía una buena cartera, debía seguir luchando” cuenta emocionada.

Las enseñanzas de los consultores, asegura Lidia, fueron como unas manos que la guiaron cuando más perdida se sentía. “Ahora camino con pasos firmes” asegura esta mujer de 53 años.

Ahora Lidia continúa con las mejoras al inmueble donde instalará su taller y está buscando el personal idóneo para que clientes como los hoteles Nikko y Holiday Inn, el arquitecto Rubén Delgado, la decoradora María Escandón, el interiorista Walter Allen y el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial sigan confiando en su trabajo.

Aunque el curso terminó en enero de 2012, mi consultor ha estado pendiente de los pasos que he dado; me señala mis fortalezas cuando más débil me siento. El programa Mi Mueble me ha dotado de un aprendizaje inmenso” asegura una Lidia que ahora sí sabe hacia dónde se dirige. Ver video

Fuente:  http://www.fundes.org/futuros-a-la-medida/?lang=es

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