¿Puede enseñarse el espíritu empresarial?

Sí: Las dificultades son lecciones

Por NOAM WASSERMAN

Hace 80 años, Ralph Heilman, el decano de la Escuela de Comercio de la Universidad de Northwestern, escribió un artículo en el que planteaba la pregunta de si se puede enseñar a ser emprendedor. Su respuesta era que sí. Se pueden aprender las lecciones de qué funciona y qué no, analizarlas, organizarlas y luego enseñarlas a aspirantes a emprendedores, de las misma forma que se hace con ingenieros, doctores y abogados.

Sin duda, el proceso funciona en las maestrías de administración de empresa. Entonces, ¿por qué no funcionaría con los emprendedores? Después de todo, los empresarios son los gerentes generales por excelencia. Pueden beneficiarse de buena parte del mismo conocimiento que los estudiantes de negocios obtienen sobre marketing, finanzas y otros campos, complementado con lecciones que están específicamente ajustadas a la creación de empresas.

Y esas lecciones cada vez son mejores.

La educación empresarial de antaño se basaba principalmente en el estudio de casos y anécdotas. Sin embargo, durante la última década, los académicos han implementado un nuevo nivel de sofisticación para analizar lo que lleva al éxito o al fracaso empresarial.

Los fundadores suelen depender mucho en su instinto, pero algunas veces los datos dicen justamente lo contrario. Podemos enseñarles a los creadores de empresas a usar la información para evitar peligros comunes.

Por ejemplo, debido a la pasión y confianza que sienten en la primera etapa de su aventura empresarial, los emprendedores a menudo subestiman significativamente los recursos y el tiempo que necesitan para poner todo en marcha. Asimismo, la mayoría de los presidentes ejecutivos que son también fundadores resultan demasiado optimistas sobre sus posibilidades personales. Anticipan permanecer en sus cargos cuando la empresa es exitosa, pero usualmente para la tercera ronda de financiación, más de la mitad de los fundadores han sido reemplazados en el cargo de presidente ejecutivo.

Aprender sobre estos reveses ayuda a los emprendedores a tomar decisiones más informadas desde el principio, en lugar de tener que fallar e intentar de nuevo. Los fundadores de empresas sin duda creen que pueden aprender. En las dos últimas décadas, la demanda por programas y cursos de emprendimiento se ha disparado.

Claro, limitarse al salón de clases es un error. El emprendimiento puede y debe usar otras formas de aprendizaje, como simulación de situaciones, ejercicios de autoevaluación y trabajo con mentores. De hecho, existen programas que combinan la educación formal con prácticas y tutorías.

¿Existen elementos que no se pueden enseñar? Claro, así como en la ingeniería, la medicina y el derecho. Y como dicen algunos críticos, estos elementos tienen que ver con las habilidades de las personas. Por ejemplo, la forma en la que un profesional de ventas logra un “sí” después de escuchar repetidos “no”.

Pero todo el mundo tiene que desarrollar habilidades sociales para avanzar. Todos tenemos algo de experiencia en la creación de relaciones y en la motivación de personas. Aprovechar esas experiencias y aplicarlas al mundo real funciona en todos los ámbitos.

Muchos críticos argumentan que el mundo real es más incierto que cualquier lección en el salón de clases. No hay duda de que el mundo real es de hecho confuso. ¿No eleva eso la importancia de educar a las personas sobre los desafíos comunes que enfrentarán de modo que estén mejor preparadas para la confusión que les espera?

Luego está el argumento de que los fracasos y los errores son una parte inevitable (de hecho valiosa) de la educación de un emprendedor. Ese tipo de pensamiento ignora el hecho de que muchos tipos de fracasos son predecibles y evitables.

Casi dos tercios de las empresas nuevas con un alto potencial fracasan debido a las tensionen que surgen entre el equipo fundador y el equipo ejecutivo. Nuestras investigaciones muestran que muchas de esas tensiones son causadas por decisiones tempranas equivocadas sobre la selección del personal. Estos son problemas que los fundadores con cierta educación empresarial estarán más preparados para evitar.

Todos los días, decisiones desacertadas y que se pueden evitar con facilidad matan grandes ideas que podrían reactivar la magia empresarial que necesita la economía. Al educar a los fundadores sobre ese tipo de reveses, podríamos aumentar sus tasas de éxito y a la vez servir de impulso a la economía en general.

—Wasserman es profesor de emprendimiento en la Escuela de Negocios de Harvard y autor de ‘The Founder’s Dilemmas’, un libro sobre cómo evitar los errores que pueden hundir una empresa nueva.

 

No: La escuela es la vida

Por VICTOR W. HWANG

El emprendimiento, como el surfing, no se aprende dentro de un aula. Hay que mojarse los pies en el mundo real.

¿Por qué? Crear una empresa es algo complicado. Pocas veces hay decisiones acertadas o incorrectas. La vida real da a los emprendedores la capacidad de tomar decisiones con un mejor criterio.

El emprendimiento también es un esfuerzo colectivo, no individual. El emprendedor tiene que lidiar con muchos tipos de personas a diario y todas imponen barreras sociales que hay que superar, ya sean geográficas, culturales, idiomáticas o simplemente de confianza.

Los emprendedores deben entender a la gente lo suficientemente bien para que derriben sus barreras y entreguen lo mejor de sí. Eso no se enseña en un aula formal ni se puede desarrollar a plenitud al cabo de un semestre ni en un par de años. El emprendimiento se aprende a través de las experiencias agregadas.

Es por ello que no hay cabida para las comparaciones con la educación empresarial tradicional. Un MBA le ayuda a aprender cómo distribuir recursos y calcular riesgos, aptitudes que se pueden cuantificar y enseñar. Las habilidades prácticas que necesita para ser emprendedor no.

He visto ejecutivos exitosos que dejaron sus empleos para unirse a empresas nuevas sin estar preparados para ello. Sabían administrar pero no estaban listos para la incertidumbre en casi cada aspecto de la toma de decisiones, acuerdos informales en lugar de pactos formales, conflictos entre los fundadores de la empresa y los inversionistas y la necesidad de hacerlo todo, desde tirar la basura hasta arreglar las impresoras.

Encabezar una empresa nueva exige un entendimiento profundo de la gente que se consigue sólo a través de la experiencia en el mundo real.

Imagine que tiene un candidato que trata de decidir entre un empleo en una empresa nueva y uno en una compañía grande. Al ver los números, cualquiera tendría que estar loco para quedarse con la empresa más pequeña. Seguro ganará menos, asumirá un riesgo personal enorme y carga emocional, y hasta podría empañar su reputación si el emprendimiento no funciona.

Un emprendedor tiene que ayudar a ese empleado potencial a ver más allá de todos los aspectos negativos, por qué unirse a esa pequeña empresa vale la pena. El postulante podría, por ejemplo, querer una oportunidad de cambiar el mundo. A otro podría animarlo el espíritu de aventura, la emoción del reto o el gusto por algo nuevo.

¿Qué argumento funcionará mejor con el candidato? No encontrará la respuesta en un salón de clases, hablándole a la misma gente todos los días.

Esta lógica se aplica también a cada aspecto de conducir una nueva empresa. Imagine que tiene un nuevo producto para vender que promete cambiar su industria. Necesita poder interpretar los deseos de sus potenciales consumidores y responder preguntas cruciales sobre ellos.

Por ejemplo, ¿a quién ofrecerle el producto? ¿Alguien que realmente entenderá su idea y que la pueda compartir? ¿Cuáles son los incentivos del comprador para asumir un riesgo tan enorme con un producto nuevo?

Decirles a los emprendedores que eviten el fracaso podría hacerles daño. Están tentados a caer en un ciclo infinito de planeación e ingeniería de producto, sin la experiencia del mundo real. Los fracasos y errores son inevitables y son el equivalente de probar hipótesis. Así como jamás se nos ocurriría pedirles a los científicos que eviten experimentos que podrían fracasar, tampoco deberíamos decirles a los creadores de empresas que eviten equivocarse.

Los emprendedores aprenden su oficio a través de experimentos y colaboración en el mundo real. Aprenden subiéndose las mangas y construyendo empresas, con la asesoría de mentores y una comunidad de colegas.

No podemos enseñar emprendimiento en la manera tradicional. Pero debemos encontrar maneras de ayudar a los emprendedores a colaborar entre sí. Esto significa encontrar formas de proveerles una red de mentores y asesores y fomentar una cultura empresarial alrededor suyo que diga: sueñe en grande, abra puertas y escuche a nueva gente, confíe y permita que confíen en usted, experimente, cometa errores, trate a otros con justicia y aporte algo al mundo de los pequeños negocios. Es una fórmula que puede pagar grandes dividendos.

—Hwang es coautor de ‘The Rainforest: The Secret to Building the Next Silicon Valley’ y es director gerente de la firma de inversión T2 Venture Capital, en Silicon Valley.

Fuentes:

http://online.wsj.com/article/SB10001424052702304636404577299790804593490.html?mod=WSJS_pequenas_LeadStory

http://online.wsj.com/article/SB10001424052702304724404577300001814465964.html?mod=WSJS_pequenas_LeadStory

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