El reequilibrio de la innovación

Por Javier Santiso,  profesor de Economía de ESADE Business School.

Las riquezas de las naciones se están reordenando a gran velocidad. La crisis en los países de la OCDE y el auge de las economías emergentes están acelerando el reordenamiento del mapa mundial económico, pero además se está operando otra revolución silenciosa: el reequilibrio de la innovación hacia los países emergentes.

La innovación, en particular la innovación empresarial, era hace poco historia de occidentales. Las multinacionales de los países OCDE concebían, producían y comercializaban los productos innovadores. Poco a poco se instaló otro modelo: la innovación se seguía concibiendo en Occidente, pero se producía cada vez más en otros países emergentes. Este modelo es el de Apple con los iPods e iPads, en parte producidos en Taiwán, Corea o China. Estamos ahora viendo emerger un tercer modelo, en el cual cada vez más la innovación no solo se produce y comercializa desde los mercados emergentes, sino que también se está concibiendo en ellos.

Este desplazamiento está provocando un reordenamiento acelerado de las clasificaciones mundiales empresariales. En el último ranking de las 100 mayores tecnológicas del mundo elaborado por Bloomberg y Businessweek, el 44% de las empresas son de países emergentes. Es más, una de ellas, la china BYD, lidera la clasificación por primera vez, por delante de Apple. A esta última le sigue otra multinacional china, Tencent, una empresa de Internet que ya es la tercera del mundo por capitalización bursátil en el sector, justo por detrás de Google y Amazon… y por delante de otra china, Baidu. Dentro del top 10 nos encontramos también con dos empresas indias (las tecnológicas Tata Consultancy e Infosys), y llama la atención que no figura ninguna europea. Multinacionales de Singapur, Taiwán o Brasil se asoman ya en cantidades superiores a las escasas alemanas, belgas o inglesas que han conseguido colarse.

Las clasificaciones de las empresas tecnológicas más importantes o innovadoras realizadas por Boston Consulting Group o Forbes nos cuentan más de lo mismo: el top 10 de la primera está liderado por Tencent, y en él también figuran una taiwanesa (Mediatek), una mexicana (América Móvil), otra china (China Mobile), dos indias (Bharti Airtel e Infosys) y una sudafricana (MTN); en la segunda, también Tencent se asoma entre las 10 primeras (por delante de nuevo de Apple o Google), una clasificación donde figura la brasileña Natura Cosmetics y la india Bharat Heavy.

El fenómeno es masivo y abarca a todos los sectores. En 2011, el principal proveedor de la industria de las telecomunicaciones ha dejado de ser estadounidense, francés o sueco; hoy día es chino. Desde Shenzhen, al lado de Hong Kong, Huawei arrebató el liderazgo a Alcatel y Lucent (obligadas a fusionarse), y ahora a Ericsson. La coreana Samsung encabeza el ranking mundial del sector tecnológico en términos de facturación, por delante de la estadounidense HP. En 2010 ya había invertido más en I+D que Intel, Google o Cisco. El sistema de pagos por Internet de la china Alibaba ya es el mayor del mundo en términos de valor de las transacciones: esta empresa de comercio electrónico, en la cual acaba de entrar el fondo californiano Silver Lake, tiene una valoración de 32.000 millones de dólares, casi dos veces superior a la de Yahoo (que posee algo más de 40% de Alibaba). Brasil es uno de los países más adictos a las redes sociales digitales como Twitter, por ejemplo, muy por delante de Estados Unidos. El servicio de chateo de Tencent tiene registrados casi 700 millones de personas, equivalente a todos los usuarios de Facebook. La velocidad de este fenómeno llama también la atención: todo ello ha ocurrido en menos de una década.

En el mundo de Internet tradicionalmente dominan las multinacionales estadounidenses. Sin embargo, Tencent ya ostenta una capitalización bursátil de 45.000 millones de dólares, colocándose por delante de eBay o de Yahoo. Desde Moscú, el ruso Yuri Milner está revolucionando las reglas de capital riesgo digital, dominado hasta ahora por fondos californianos. Su empresa, Digital Sky Technologies (DST), posee mail.ru, una de las startups de Internet rusas de más éxito, que cotiza en la Bolsa de Londres por más de 8.000 millones de dólares. Con su fondo de capital riesgo, Milner es uno de los pocos en poseer participaciones en Facebook, Zynga o Groupon. En 2011 lanzó un segundo fondo, DST Global 2, por un monto de 1.000 millones de dólares, un tamaño inédito en Europa occidental.

La propia china Tencent (que posee un 10% de DST y compró startups como Riot Games en EE UU por 400 millones de dólares) lanzó también el suyo en 2011, Tencent Industry Win-Win Fund, para acelerar la compra de startups por un monto similar (unos 760 millones de dólares). Por su parte, Alibaba Group Holdings, otra de las mayores empresas de Internet de China, lanzó el suyo vía su filial Taobao por un monto de 46 millones de dólares. Legend Capital, propietaria en parte de Lenovo (42%), levantó otro fondo tecnológico de 500 millones de euros en 2011. Desde Singapur, Singtel, el operador de telecomunicaciones, lanzó también en 2011 su propio fondo de capital riesgo con más de 250 millones de dólares para también acelerar la adquisición de startups tecnológicas. Todas estas iniciativas muestran si fuera necesario cuánto están apostando los emergentes asiáticos por hacerse un hueco cada vez mayor en el mundo de las startups y del capital riesgo.

Estas empresas no entran muchas veces en nuestro campo de visión. Están, eso sí, despertando el interés creciente de los inversores occidentales. Así, en 2011 el fondo de capital riesgo Carlyle, uno de los mayores del mundo, invirtió cerca de 200 millones de euros en el chino Haier Electronics Group. Si embargo, estas multinacionales tecnológicas emergentes -salvo algunas como las chinas Huawei y Baidu o las taiwanesas HTC, Evergreen o Foxconn, que ya tienen sedes corporativas europeas (todas ellas en Londres)- todavía no han dado saltos significativos en los países OCDE, y muchas veces hacen sus adquisiciones en otros mercados emergentes, de ahí que no las veamos venir. Una excepción es Lenovo, la multinacional china que compró todo el negocio de ordenadores personales de IBM en 2005 por 1.700 millones de dólares. Eso sí: ya empiezan a cotizar en el Nasdaq, como el buscador ruso Yandex o la china Tudou, que dieron el salto en 2011 siguiendo los pasos de la argentina Mercadolibre, que lo hizo en la década anterior (la única del continente hasta la fecha), así como el buscador chino Baidu. Desde 1970, más de 160 empresas tecnológicas israelíes han pasado por el Nasdaq (contra apenas dos españolas). En 2011, EE UU todavía es el país del mundo que más empresas tecnológicas tiene cotizando en el Nasdaq (404), pero el segundo país ya es un emergente: China, con un total de 37. Justo por detrás se encuentra otra economía emergente, Israel, con 27. China ya tiene tres veces más empresas tecnológicas cotizando en el Nasdaq que toda Europa (apenas 11).

Este fenómeno no es solo asiático. El caso de Naspers, una multinacional sudafricana del mundo digital, es emblemático. Obtiene más del 70% de sus ingresos del continente africano, pero también ha multiplicado las adquisiciones en los mercados emergentes. Posee el 45% de Tencent, una participación que compró en 2011 y que desde entonces se revalorizó más del 3.100%. También ha invertido en la rusa mail.ru (390 millones de dólares) y posee el 91% de la startup brasileña Buscapé (que compró por más de 340 millones de dólares). En Europa del Este compró Tradus por más de 1.000 millones de dólares en 2008. En 2011 siguió comprando en América Latina, adquiriendo la startup argentina DineroMail, la empresa de pagos en línea más grande del continente, y Olx.com en agosto de 2011 por cerca de 145 millones de dólares. Hoy día, Naspers está presente en 129 países, factura cerca de 4.000 millones de dólares, tiene 12.000 empleados y se ha convertido en uno de los máximos inversores en startups de países emergentes.

Estos ejemplos reflejan las alteraciones del mundo que estamos viviendo. En el futuro, estos grupos y estas economías también se harán un hueco (cada vez mayor) en todos los ámbitos y sectores. Los más innovadores y tecnológicos no se escaparán. Esto quizá sea una razón más para interesarse y estar presentes en estos mercados desde donde ya no solo se estará produciendo y comercializando innovación, sino que se estará diseñando, algo hasta ahora una exclusividad de los países OCDE.

Fuente:http://www.elpais.com/articulo/primer/plano/reequilibrio/innovacion/elpepueconeg/20111030elpneglse_12/Tes

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