¿Cuánto tiempo necesitamos para hablar de nuestro negocio?

Por Emilio Zevallos

Es probable que en algún momento hayamos tenido la oportunidad de conversar con otras personas respecto de lo que hacemos, como lo hacemos e incluso de nuestras expectativas  y esperanzas respecto de nuestro negocio (potencial o real).

Hay un discurso muy famoso, el llamado “elevator pitch” (pensando en que se encuentra en un elevador con alguien  que tiene los recursos y/o influencia para hacer su proyecto realidad y por tanto, lo aborda con una mezcla de información y entusiasmo que avive el interés del potencial socio), pero que pone a la persona en una situación extrema.  Aunque el ejercicio no deja de ser atractivo, para llegar a ello debemos tener claridad sobre el por qué y para qué del negocio (los beneficios), el mercado meta, los posibles riesgos, etc.

Debemos tener claridad sobre estas variables, como ordenarlas (dependiendo del interlocutor), y en cuanto tiempo presentarlas. En primer lugar, lo importante es hacerlo bien, no dejar nada al azar, ni ocultar información. Como en todos los negocios, existen riesgos, y debemos señalarlos así como los beneficios.  Recordemos  que nadie confía en los negocios en donde todo es bueno (además porque eso no existe).

Obviamente si estamos hablando del negocio, no es porque ya lo hemos desarrollado, sino más bien porque necesitamos de alguien que nos apoye en el proceso. Recordemos que al momento de financiar un negocio nuevo, generalmente nos encontramos solos o podemos recurrir a los miembros de las 3F (family, friends and fools). Sobre ello, no sorprende que nuestra familia e incluso nuestros amigos nos puedan apoyar; muchas veces es el camino obvio. Pero la presencia de terceros supone que en el negocio hay algo interesante, y sobre todo, que hemos podido mostrarlo con claridad suficiente como para atraer a alguien más a nuestra aventura.

Nuestro gran reto como emprendedores es el poder mostrar las cualidades de nuestro proyecto, y sobre todo, no desanimarnos si encontramos en el camino a personas que no lo ven con posibilidades.  Sobre ello hay dos tipos: (i) los que te dicen que no tiene futuro y te dan explicaciones tan vagas que no te convencen, y (ii) los que te dan razones claras y contundentes de porque la cosa no va a marchar. Lo importante es siempre escuchar, tanto a unos como a otros y poder rescatar de ello, lo que nos ayude a mejorar el proyecto, o finalmente a replantearlo. La retroalimentación constante nos ayudará a no solo a plantearlo con mayor solidez, sino también que nos da argumentos para hacerlo con rapidez.  Para ello no hay un estándar, o quizás sí: el tiempo adicional que te da tu interlocutor.

Fuente:  http://www.elfinancierocr.com/blog/pymescopio/

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