En qué innovar en Latinoamérica

Por Eduardo Albalá, Director de Barrabés América

En la región, la mayoría de las innovaciones y emprendimientos se dirigen sólo a una pequeña parte de la población, dejando al resto fuera.

 De forma frecuente, tengo la suerte de compartir talleres de innovación en diferentes países de América Latina, tanto para directivos de multinacionales, como para empresarios de Pymes y sobre todo, para emprendedores. Todas estas personas son las que impulsan la innovación empresarial en nuestros países y por lo general, pertenecen a un segmento social, cultural y económico similar. Los hombres y mujeres que crean o desarrollan empresas en Chile, México, Panamá o Perú, suelen estar bien preparados académicamente y cuentan con algo de financiamiento personal, o cuando menos, no tienen una necesidad apremiante de destinar toda su renta a subsistir. La gran mayoría de estas personas, por su nivel de ingresos personal o familiar, pertenecerían a lo que en Europa o Estados Unidos corresponde a la clase media o media-alta. En estos países, dicho segmento cubre prácticamente el 80% de la población, sin embargo, en Latinoamérica estas personas están dentro del 20% o 30% de la población con ingresos más altos.

Otra cosa fácil de observar entre los emprendedores, es que suelen abrir los negocios que a ellos mismos les gustarían como usuarios. Crean los productos y servicios que cada uno de ellos necesita o que les gustaría consumir. En las últimas semanas he conocido muchos emprendedores, entre ellos a los impulsores de un espacio de coworking de Chile que han creado un muy buen sistema de software para el control de centros de negocio similares al suyo, a una chica panameña aficionada a la moda vintage que ha inaugurado una tienda de este tipo de ropa en el casco histórico de la ciudad del canal, a una familia de Uruguay que ha abierto una ludoteca en su ciudad para niños como los suyos, o a un peruano que ha montado una cevichería en la Ciudad de México. Todos tienen en común que hacen negocios pensados para gente como ellos, es lo normal, es el público objetivo que mejor conocen, del que tienen más información y al que les resulta más fácil llegar para promocionar su oferta.

Al unir las dos observaciones descritas, el resultado es que los emprendedores suelen ser gente de los estratos sociales más altos de la población, que hacen negocios para la gente como ellos. Dicho de otra forma, en Latinoamérica como conjunto, la mayoría de las innovaciones y emprendimientos se dirigen sólo a una pequeña parte de la población, dejando al resto fuera.

Además, los negocios de América Latina que se dirigen hacia los grupos de población de clase media-alta, tienen que competir con empresas muy evolucionadas, que se enfocan en este mismo segmento de clientes pero en otras partes del mundo. En Europa y Estados Unidos, los mercados de la clase media abarcan un porcentaje de población mucho mayor a aquella que tiene un comportamiento de consumo equiparable en Latinoamérica. El hecho de que haya un grupo de consumo tan grande al que enfocarse, ha dado lugar a mercados muy evolucionados y maduros, con compañías enormes apoyadas en soluciones muy eficientes, que tienden a ocupar todos los eslabones de la cadena productiva (diseño, producción, comercialización directa). Estamos hablando de multinacionales como Zara en textil o Ikea en muebles, que han crecido hasta convertirse en líderes mundiales en pocos años. Hasta cierto punto, es natural, que las mayores innovaciones para la clase media se produzcan en aquellas zonas del mundo con cientos de millones de personas en ese estrato social (la mayoría de las grandes empresas de bienes de consumo provienen de Europa, Estados Unidos o Japón).

En América Latina queda una gran parte de la población (la de bajos recursos) de la que salen pocos emprendedores dinámicos (por las dificultades de financiamiento, problemas de educación y capacitación) y en el que tampoco suelen pensar los innovadores, ni los locales, ni los extranjeros (la verdad es que ni Zara, ni Ikea producen pensando en ese grupo de población).

Aunque sea un grupo de menor ingreso, la parte de la población con menores ingresos es un mercado muy interesante (por su ingente tamaño) y a la vez muy desconocido por parte de la mayoría de empresas y emprendedores. Buena parte de la población de rentas altas de la región latinoamericana ignoran casi por completo cómo es el día a día de las personas que habitan las áreas urbanas más deprimidas o las zonas rurales menos desarrolladas. No sabemos cuál es su patrón de consumo, sus parámetros de decisión de compra, la oferta comercial disponible y otros muchos datos que ayudan a generar un planteamiento de negocio o a desarrollar soluciones innovadoras.

Hay mucha gente pensando en negocios para los segmentos más prósperos de la población y muy poca pensando en los segmentos a los que todavía pertenece la mayoría de la gente.

En este contexto surge la Frugal Innovation o innovación frugal, que es la innovación que no busca el óptimo global, sino el óptimo bajo restricciones. Estas restricciones pueden ser causadas por la falta de recursos, de acceso a comunicaciones, redes eléctricas, redes de comercialización, infraestructuras, etc. Es bajo esta visión que la división de General Electric en la India logró desarrollar una máquina de electrocardiograma que reduce el costo de paciente a menos de 10 rupias (algo así como 20 centavos de dólar americano), que gracias a sus baterías permite operar hasta un mes en un poblado sin electricidad y que, además, se vende a los médicos por unos 500 dólares y con financiamiento a tres años. Es en la India donde surgen la mayoría de ejemplos de frugal innovation, desde vehículos, a computadoras o teléfonos celulares. También en América Latina empezamos a encontrar algunos ejemplos que siguen esta filosofía, como las cooperativas que proveen de suelos a las viviendas más modestas en Colombia o la utilización de botellas de plástico colgadas en el techo, para iluminar con luz solar las estancias interiores de las viviendas más humildes y que, tras surgir en Brasil, ya se está adoptando como solución en varias partes del mundo.

Sólo hace falta levantar la mirada para ver múltiples oportunidades para aplicar la filosofía de la frugal innovation en América Latina. Las salas de cine, por ejemplo, se ha innovado mucho en salas de cine “para ricos” y sin embargo están cerrando la gran parte de las que se encuentran en barrios o pueblos con mayoría de población de recursos bajos.

Innovar y crear nuevos negocios dirigidos a la base de la pirámide no es sólo un ejercicio social (por la inclusión que supone de cierta parte de la población) es también una gran oportunidad de negocio. La clave está en fijar el foco creativo en esa base de la pirámide, saber más sobre el comportamiento y motivaciones de estas personas, y finalmente rediseñar los productos y procesos, dejando a un lado los costos innecesarios para centrarse en las cuestiones que realmente aportan valor.

Hay que innovar en todo y para todos.

Fuente: http://www.innovacion.gob.cl/columna/en-que-innovar-en-latinoamerica/

Comercio electrónico en América Latina creció un 42,8% en 2011

Comercio electrónico en América Latina creció un 42,8% en 2011

Según un informe elaborado por AméricaEconomía Intelligence, el sector alcanzó los US$ 43.000 millones el año pasado.

El comercio electrónico creció en Latinoamérica un 42,8% en 2011, hasta alcanzar los US$ 43.000 millones, gracias a una combinación de factores que incluye una mayor confianza de los consumidores y el avance de los medios de pago electrónico.

Así lo pone de manifiesto un informe difundido hoy y elaborado por AméricaEconomía Intelligence, comisionado por la compañía de tarjetas de crédito Visa, en el que se detalla que este crecimiento se suma al dinamismo que el sector muestra desde 2009.

“Mientras que en 2009 los ingresos totales de venta de comercio electrónico a consumidores fueron en torno a US$ 22.000 millones, en el año pasado la cifra subió a US$ 43.000 millones. Un 98,5% de crecimiento en dos años”, indica el estudio.

Brasil lideró las ventas de 2011 con el 59,1%, seguido por México (14,2%), el Caribe (6,4%), Argentina (6,2%), Chile (3,5%), Venezuela (3,3%), Centroamérica (2,4%), Colombia (2%) y Perú (1,4%).

Se calcula que el comercio electrónico en América Latina y el Caribe experimentará en 2012 un crecimiento del 26% y 28,5% en 2013, respectivamente.

Igualmente se prevé que para 2015 el acceso internet desde dispositivos móviles genere más compras, “dado que la penetración de ‘smartphones’ y ‘tablets’ se calcula que alcanzaré el 50%”.

Fuente: http://www.df.cl/comercio-electronico-en-america-latina-crecio-un-42-8-en-2011/prontus_df/2012-05-15/172709.html

En busca de océanos azules. 9 claves para investigar en innovación disruptiva

disruptive_innovation.jpgPor Javier García-Martínez .        Análisis Madri+d 

Hace cien años, la ciencia vivió una de sus épocas doradas en las que alumbró las teorías que han dado forma a nuestra visión actual del cosmos: la mecánica cuántica, la relatividad, la estructura del átomo. Hoy en día, la ciencia es más amplia y profunda de lo que era al principio del siglo XX, pero también más especializada y compartimentada y menos osada.

Uno se pregunta, ¿cuáles son las grandes teorías del siglo XXI, las nuevas respuestas a las viejas preguntas que podrían definir el conocimiento -y estimular la tecnología- dentro de 100 años?

Puede ser útil pensar en la evolución que ha experimentado la ciencia -desde los avances realizados por personas como Einstein, Curie, o Bohr hasta los programas de investigación bien planificados que involucran equipos de científicos- como si se tratara de una empresa que comienza siendo pequeña e innovadora. Sin duda, algo valioso y audaz se pierde cuando se convierta en una megacorporación.

Como explicó el profesor de la Escuela de Negocios de Harvard, Clayton M. Christensen en su libro, The Innovator’s Dilemma, las grandes empresas tienden a ignorar las innovaciones disruptivas y se centran en lo que perciben como las demandas de sus clientes actuales. Se olvidan de que el valor real reside en la creación de nuevas oportunidades de mercado. Henry Ford, quien produjo el primer automóvil económicamente asequible, dijo: “Si le hubiera preguntado a la gente lo que ellos querían, habrían pedido un caballo mejor (o, en algunas versiones, más rápido).”

La cita puede ser apócrifa, pero ayuda a aclarar este punto: en lugar de mejorar los productos y servicios ya existentes, las innovaciones disruptivas crean demanda de productos y servicios que los clientes todavía no saben que necesitan. Dichos mercados nuevos fueron bautizados como “océanos azules” por los profesores W. Chan Kim y Renée Mauborgne de la escuela de negocios INSEAD en su libro Blue Ocean Strategy.

Las ideas disruptivas son también es resultado de la creatividad de los grandes científicos. La teoría de la evolución por selección natural de Darwin y las teorías de la relatividad de Einstein, son ejemplos de océanos azules creados por científicos geniales.

Por desgracia, cada vez es más difícil para los científicos la práctica de la ciencia disruptiva. La carrera académica ejerce presión sobre los resultados inmediatos, la necesidad de publicar continuamente e incontables obligaciones académicas y administrativas, hacen muy difícil explorar ideas arriesgadas. Mientras tanto, hay pocos alicientes para que los científicos sean ambiciosos. Una mayor especialización en la investigación científica, la presión para trabajar temas de gran impacto y la dificultad de obtener ayuda para investigar en proyectos audaces incentiva a los científicos a centrarse en proyectos menos arriesgados.

Necesitamos una ciencia acumulativa. Las preguntas que otros hicieron deben ser respondidas de forma precisa y rigurosa. Pero es poco probable que el pensamiento gradual nos lleve muy lejos en la solución de los mayores desafíos a los que nos enfrentamos hoy en día. Desde la generación de energía limpia a la vacuna contra malaria, desde el cambio climático al agua potable accesible a todos, necesitamos que nuestros mejores científicos piensen de manera disruptiva para encontrar soluciones radicalmente nuevas.

¿Cómo llegar a ser en un científico disruptivo?

Por supuesto, la predisposición personal juega un papel importante. Algunas personas son por naturaleza más críticas, creativas y audaces que otras. Pero hay algunas cosas que podemos hacer para mejorar nuestra capacidad de generar grandes avances. Estos son algunos consejos prácticos:

1. Como estudiante, haz cursos fuera de tu especialidad.

Cualquiera que sea tu “segunda pasión”, pasa algún tiempo aprendiendo sobre ello. Si no tienes una, encuéntrala. Steve Jobs abandonó Reed College después de un semestre, pero se quedó el tiempo suficiente para asistir a un curso de caligrafía. Jobs dijo una vez: “Si nunca hubiera asistido a ese curso en la universidad, Mac nunca habría tenido múltiples tipos de fuentes o fuentes proporcionalmente espaciadas” – características que hicieron único a Apple y atrajeron a innumerables clientes.

2. Si te acabas de graduar, viaja por todo el mundo durante un año.

Viajar a países lejanos sin demasiados planes y mucha curiosidad es posiblemente la experiencia de aprendizaje más poderosa. Más tarde en la vida, repite la experiencia con la frecuencia que puedas, incluso si es sólo por períodos más cortos. En tus próximas vacaciones, visita un país cuya tradición, cultura e idioma sean muy diferentes al tuyo. Hablar con personas que no comparten nuestras creencias y prioridades más profundas te abre la mente. También merece la pena exponerse a situaciones en las que encontrar una solución requiere determinación, flexibilidad, empatía y paciencia: conseguir una habitación de hotel sin conocer el idioma o moverse por un país sin horarios de tren o autobús.

3. Hacer un esfuerzo consciente por cultivar la variedad y por luchar contra la inercia.

Nuestros horarios de trabajo, compromisos familiares, y otras responsabilidades hacen que demasiados días sean una mera repetición del día anterior. Los pensamientos más interesantes y las lecciones más importantes suelen tener lugar fuera de tu zona de confort. Practica actividades en las que pienses que vas a disfrutar, pero nunca has tenido la oportunidad de probar. Usa tu tiempo libre de manera más eficiente. Merece la pena traer un poco de novedad y variedad a nuestras vidas tan programadas.

4. Únete a un club deportivo o asiste a actos culturales en tu ciudad.

En el trabajo, la mayoría de los científicos hablan sobre todo con otros científicos, y la mayor parte del tiempo dichos científicos son además de la misma área. Pasa tiempo hablando con la gente cuya formación, intereses y trabajos sean tan diferentes del tuyo como sea posible. Averigua lo que les importa, cómo aprenden acerca de sus temas, cómo resuelven sus problemas y cuáles son sus principales retos.

5. Otra forma de encontrar nuevas ideas y perspectivas es leer mucho.

La mayoría de la gente visita siempre los mismos sitios Web, lee las mismas secciones de los mismos periódicos y compra libros en la misma sección de la librería. Añade nuevos intereses. Pregunta a tus amigos, familia, colegas, y otros conocidos para que te recomienden sus libros, sitios web o películas favoritos.

6. Echale un vistazo a lo que están investigando otras personas.

Del mismo modo, cuando leas las revistas científicas, échale un vistazo a lo que están investigando otras personas, especialmente de temas distintos a los tuyos. Lee la sección de noticias de las revistas y sigue de cerca temas controvertidos: la biología sintética, ingeniería metabólica, el uso de nanomateriales en la medicina. Este es terreno abonado para el conocimiento más interesante. Sigue con detenimiento cómo la sociedad reacciona ante ciertos temas de la ciencia porque esto podría ayudarle a anticipar las necesidades y preocupaciones sociales que se deben tratar.

7. Asiste a conferencias sobre temas interesantes fuera de tu campo.

En las conferencias internacionales, asiste a una o dos sesiones distintas a tu área. Acércate a personas que no conozcas a la hora del almuerzo y en las pausas para el café. Pregunta acerca de los problemas en los que están trabajando.

8. Cuando estás trabajando en el laboratorio, trata de demostrar que tus hipótesis son erróneas.

Asume que tus supuestos iniciales estaban equivocados. Planea y ejecuta tu trabajo en consecuencia. Esto te ayudará a pensar en ideas nuevas, obtener nueva información, y aumenta tu probabilidad de éxito.

9. Pregúntate a ti mismo, “¿Sobre qué quiero trabajar realmente?

¿Qué grandes problemas quiero resolver?” y luego trabaja duro para hacerlos realidad. Tienes más probabilidades de hacer algo con impacto, si trabajas en algo que es importante para ti.

Para los científicos jóvenes, en particular, la investigación disruptiva no es un camino fácil para las publicaciones, las becas, o el reconocimiento entre iguales. Por lo tanto, en las primeras etapas de tu carrera, es conveniente contar con un proyecto convencional en el que trabajes para conseguir los resultados que necesitas para tu tesis, post-doctorado, o beca, mientras que inviertes parte de tu tiempo en un proyecto ambicioso y de alto riesgo. Con el tiempo, podrás aumentar el tiempo que pasas en proyectos de alto riesgo y comenzar a desarrollar una visión a más largo plazo.

Pero no esperes demasiado tiempo. Si esperas hasta estabilizarte para hacer ciencia disruptiva pasarás tus años más productivos y creativos haciendo investigación incremental. Y lo más probable es que no cambies una vez que estés tengas una posición consolidada.

El apoyo de tu supervisor es esencial, ya que puede ser difícil de distinguir una idea loca de una brillante. No escojas a tu director de tesis solamente por el tamaño de su grupo, el dinero que tiene de proyectos y el número de sus publicaciones. Elige a una persona que tenga la mente abierta, que no tema al riesgo y te que dé libertad para explorar proyectos paralelos.

Konstantin Novoselov descubrió el grafeno mientras se hacía “un experimento de la noche del viernes”. Un planteamiento fomentado por su director, Andre Geim, para que los miembros de su laboratorio probaran ideas de alto riesgo. Años más tarde, ambos compartieron el Premio Nobel de Física. Cualquiera que sea tu idea, cuenta con el apoyo de tu asesor para ayudarte a hacer un trabajo sólido y riguroso.

Si diriges un grupo de investigación, hay muchas cosas que puedes hacer para ayudar a la gente que trabaja contigo.

  • Construye una cultura de respeto y tolerancia hacia los demás, hacia sus opiniones y cualidades personales.
  • Fomenta el pensamiento crítico, desafiando las ideas más aceptadas y pide a los demás que desafíen las tuyas.
  • Realiza las reuniones de grupo constructivas y bien planificadas, dedicando atención a nuevas ideas y proyectos.
  • Reconoce los éxitos de las personas y sus contribuciones.
  • Permite y alienta a las personas que trabajan contigo a emplear un pequeño porcentaje de su tiempo en la desarrollo de ideas novedosas.

Para mantener su ventaja competitiva, Google permite a sus ingenieros a pasar el 20% de su tiempo en sus proyectos favoritos. Algunos de los productos con más éxito lanzados por Google en los últimos años son fruto de esas ideas.

Durante la última década, Google ha sido una de las empresas más innovadoras en el mundo, pero ahora es grande y constituida. Al igual que muchas grandes empresas, que promueven la innovación disruptiva en un esfuerzo por evitar ser superado por compañías más pequeñas y creativas. El éxito de resistir a la tentación de la seguridad está aún por ver.

Muchos de los problemas más urgentes de la sociedad no se pueden resolver mediante la mejora de las tecnologías que tenemos hoy. Necesitamos soluciones más atrevidas y radicalmente nuevas. Estas no se encuentran en las playas infestadas de gente sino en los océanos azules todavía por explorar. Necesitamos una nueva generación de científicos disruptivos, el tipo de personas realmente creativas que puedan imaginar nuevos lugares y transportarse ellos mismos – y nosotros – a esos océanos azules.

Javier García Martínez
Director del Laboratorio de Nanotecnología Molecular de la Universidad de Alicante y vice-presidente del Consejo de Tecnologías Emergentes del Foro Económico Mundial

Javier García-Martínez es profesor de Química Inorgánica y director del Laboratorio de Nanotecnología Molecular de la Universidad de Alicante. Es cofundador de la empresa RiveTechnology Inc. con sede en Boston, que comercializa la tecnología que desarrolló durante su etapa post-doctoral en el Massachusetts Institute of Technology (MIT). Recibió la medalla al mejor químico europeo menor de 35 años y el premio TR35 de la revista Technology Review del MIT. Actualmente es vice-presidente del Consejo de Tecnologías Emergentes del Foro Económico Mundial.

Fuente: http://manuelgross.bligoo.com/20120514-en-busca-de-oceanos-azules-9-claves-para-investigar-en-innovacion-disruptiva

Texto original en inglés: sciencecareers.sciencemag.org/

Derribar la barrera del “no soy creativo”

Jeff Dyer es profesor en Estrategia en el Marriott School, Universidad de Brigham Young; Hal Gregersen es profesor de Liderazgo en el INSEAD; Clayton M. Christensen es profesor de Administración de Empresas en la Harvard Business School y una gran influencia en la innovación disruptiva. Ellos son los autores de “The Innovator´s DNA” y nos explican a través de su libro como podemos derribar la barrera del “No soy creativo”

Las personas que se sienten creativas, tienen más posibilidades de ser realmente creativas. Los profesores Jeff Dyer, Hal Gregersen y Clayton M. Chrstensen así lo afirman tras las evaluaciones realizadas a más de 6,000 profesionales. En estas pruebas, enmarcadas en el estudio que derivó en su libro The Innovator’s DNA, aquellos que se consideraban a sí mismos como personas creativas, efectivamente proporcionaban soluciones innovadoras y disruptivas, creando nuevos productos, servicios y procesos que nadie había planteado antes. Los que se se ven a sí mismos como creativos, suelen actuar como tales. Ahora la pregunta es: si no te ves a ti mismo como alguien creativo ¿eres realmente menos creativo?

En las presentaciones hechas por los autores sobre el tema, ante la pregunta de “¿eres creativo?” aproximadamente la mitad de los directivos y ejecutivos alzaban  la mano para responder de forma positiva y muchos de ellos dudaban antes de hacerlo.

La mala noticia es que si piensas que no eres creativo, los datos del estudio revelan que probablemente no lo eres. Pero también hay una buena noticia: si cambias tu mentalidad, puedes volverte más creativo.  En definitiva, cualquiera puede innovar, si decide hacerlo.  Los innovadores disruptivos lo hacen por elección propia, no por azar. Sus acciones diarias cambian su mentalidad de “No soy creativo” por la de “Soy creativo”.

El cambio de actitud viene dado cuando la gente que desea considerarse como innovadora comienza a en habilidades relacionadas con la innovación (lo que los autores denominan el ADN de los innovadores). Algunas de estas habilidades o comportamientos son, por ejemplo, hacer preguntas a los demás, observar el comportamiento humano, conectar las visiones de personas con planteamientos totalmente opuestos. Todas estas prácticas acompañan la idea de destruir la barrera mental: “yo no soy creativo”.

Stepan Pachikov, fundador de Evernote (software personal que organizar la información personal), aprovechó su ADN innovador para crear un producto con infinidad de fieles usuarios. Pachikov estaba obsesionado con una sola pregunta: “¿Qué tipo de herramienta me ayudaría a recordar las cosas?”  Tomó esta simple pregunta e hizo algo, no sólo para él sino para millones de personas. Primero observó, cómo la gente trata de recordar las cosas, habló con una gran cantidad de personas que toman diferentes soluciones sobre el problema de la memoria y finalmente elaboró un prototipo del software para poner en práctica la idea. El resultado fue un producto que realmente cambió la vida, o al menos la forma de organizar las notas y tareas, de muchas personas.

El siguiente diagnóstico, consistente en cinco preguntas rápidas, es un extracto del test de 60 cuestiones que lleva a una evaluación más profunda de las habilidades ligadas al ADN innovador. Cada pregunta puede responderse con un simple sí o no.

Pensamiento asociativo: ¿Soluciono problemas de forma creativa asociando diversas ideas o conocimientos?

Interrogatorio: ¿Hago preguntas que desafían supuestos, inamovibles para otras personas?

Observación: ¿Tengo ideas innovadoras mediante la observación directa de cómo las personas interactúan con los productos y servicios?

Conexión de ideas: ¡Hablo a menudo con personas distintas (por ejemplo, de diferentes funciones, industrias o zonas geográficas) para encontrar y perfeccionar nuevas ideas de negocio?

Experimentación: ¿Experimento para crear nuevos formas de hacer cosas?

Si contestaste no a tres o más preguntas, entonces probablemente estés frente a la barrera de “no soy creativo”.

En resumen, ser más creativo, requiere que actuemos de manera creativa todos los días, buscar que las cosas cambien. El problema es si piensas que no puedes, no lo harás.  Como dice el viejo dicho: “Tanto si piensas que puedes, como si piensas que no puedes, seguramente estás en lo cierto”. En el momento que nos definamos como creativos, podremos llegar a serlo.

Traducción a partir del artículo de la Harvard Business Review http://blogs.hbr.org/cs/2012/05/crush_the_im_not_creative_barr.html?awid=4612540964214068844-3271#.T6hTqXmRFFk.twitter

Fuente: http://www.centroamericainnova.com/contenido/derribar-la-barrera-del-no-soy-creativo.aspx

Emprendedores: saltar de una idea a otra vale la pena

Por LIZETTE CHAPMAN

Hace unos años, los emprendedores del sector tecnológico tardaban unos dos años en crear un producto, contratar personal y determinar si realmente había un mercado real para su servicio. Sin embargo, hoy en día todo ese proceso lleva apenas unos cuantos meses dado que los fundadores de empresas tienen la oportunidad de moverse más rápido entre diferentes ideas hasta que encuentran una que cuaja.

Un ejemplo reciente es el caso de Kevin Systrom de Instagram, que empezó siendo un sitio de registro virtual y se transformó en un servicio de intercambio de fotos.

Systrom, de 28 años, creó hace dos años una compañía con la idea de darle un giro al llamado registro virtual (foursquare es el servicio más popular). Su compañía, que llamó Burbn Inc., permitía a las personas dejar mensajes a través de sus celulares cuando se registraban virtualmente en un lugar, como el Museo Metropolitano de Nueva York, o Hamburguesas el Corral en Bogotá. Cuando otras personas se encontraban en la misma ubicación, podían tener acceso a dichos mensajes.

En los meses posteriores, la idea evolucionó, y pronto Systrom aprovechó el concepto de una aplicación móvil que permitía a la gente tomar fotos, alterarlas visualmente y compartirlas. Esa aplicación se llamaba Instagram. A principios de abril, Systrom y su socio vendieron la compañía a Facebook Inc. por US$1.000 millones.

Systrom forma parte de una nueva generación de emprendedores jóvenes que estratégicamente prueban nuevas ideas, las abandonan si no funcionan y pasan a la siguiente, algo que en inglés se conoce como pivoting. Las compañías de estos ejecutivos están por lo general en los sectores de telefonía móvil y de Internet, donde es relativamente barato ensayar con diferentes software y crear rápido nuevos productos.

Los inversionistas dicen que los emprendedores que hacen cambios radicales a sus ideas originales generalmente tienen más experiencia y menos miedo al fracaso. Los creadores de empresas que cambian de productos y de mercados entre una y tres veces recaudan más dinero que los que no, según Startup Genome Compass, una firma de San Francisco que hace seguimiento a 13.000 empresas nuevas de Internet.

“Uno cambia de dirección tantas veces como pueda y tan rápido como pueda, hasta que se acabe el dinero”, dice Evan Kuo, un emprendedor de 27 años e ingeniero de la Universidad de California, Bekerley. Kuo está trabajando ya en la segunda versión de un sitio web llamado Curious.me.

Patrick Chung, socio de la firma de capital riesgo New Enterprise Associates (NEA), de Menlo Park, California, dice que lo que antes llamaba inversiones semilla fallidas ahora lo denomina como experimentos. Y ahora está respaldando financieramente más de ellos. Hace poco, NEA lanzó en la Universidad de Harvard un Fondo Experimental para invertir en compañías en fase muy temprana de desarrollo del área de Boston.

Muchos de estos empresarios jóvenes han cometido errores, pero al mismo tiempo han ganado experiencia que puede aumentar sus probabilidades de tener éxito en su próxima aventura empresarial, dicen inversionistas.

Estos tipos de saltos se han vuelto más fáciles de hacer gracias a la popularidad de plataformas sociales como Twitter y Facebook y la aparición de tiendas que distribuyen aplicaciones. Los avances han reducido drásticamente los costos de distribución, lo que hace más económico sacar rápido productos al mercado.

“Es una de las mejores metodologías que el sector tecnológico se ha inventado. Empezar algo, determinar que no funciona y luego sacar provecho de aspectos de esa tecnología (y aplicarlas a otras ideas) es altamente poderoso”, señala Tony Conrad, socio de la firma de capital de riesgo True Ventures.

Incluso después de lo que puede parecer un fracaso, la capacidad de adaptarse es considerada una habilidad clave entre los creadores de empresas.

Cuando Kuo estaba en la incubadora de empresas tecnológicas 500 Startups, fundó CrowdRally, una red de seguidores de Facebook, que registró 40 millones de visitantes. El emprendedor decidió cerrarla luego de que abogados de Facebook lo contactaron, argumentando que el sitio tenía algunos usos inapropiados.

Con el mismo equipo, Kuo hizo rendir durante ocho meses de experimentación los US$150.000 que 500 Startups había invertido en CrowdRally. Probó varias ideas antes de decidir crear una versión del sitio de preguntas y respuestas Quora.com para estudiantes universitarios.

En cuatro semanas armó un prototipo de Curious.me, lo lanzo, consiguió reacciones de estudiantes y presentó la idea a NEA, que pronto invirtió US$400.000.

Fuente: http://online.wsj.com/article/SB10001424052702304363104577388121706308302.html?mod=WSJS_inicio_MiddleThird

“No se puede ser innovador sin fallar”

El profesor de la División de Tecnología, Operaciones y Gestión de la Información de Babson College, Jay Rao, se refiere a las claves que dan paso a la innovación y las complicaciones que entorpecen un resultado exitoso. El académico aclara que pese a que muchos creen entender esta disciplina, pocos la comprenden realmente, de ahí que varios fallen en su implementación. Por ello se necesita un liderazgo que pueda encaminar las ideas para que se genere innovación y tener el coraje para involucrar a la gente.

Autor: Daniela Arce

No es necesario que todos en una empresa sean innovadores, pues al ser una disciplina como márketing, estrategia u operaciones, se trata de un proceso extenso que implica primero tener el conocimiento y luego practicarlo. Esto es fundamental y complicado al mismo tiempo, advierte Jay Rao, quien es profesor de la División de Tecnología, Operaciones y Gestión de la Información de Babson College. Las dificultades surgen, explica, porque en este largo camino los resultados no siempre son positivos, sino todo lo contrario. Es ahí el dilema: ¿cuántas empresas están dispuestas a fallar?

Esta reflexión fue parte de la conferencia “Los lados duros y blandos de la innovación. ¡El lado blando es el más duro!”, que dictó el pasado 26 de abril en Rancagua de Chile, junto a Fran Chuan, director de diversas multinacionales. La actividad fue parte de los de encuentros programados para 2012 del Proyecto Red O’Higgins “Conectando la innovación en regiones”, que se llevará a cabo en Chile, y está siendo financiado por el Gobierno Regional Libertador General Bernardo O’Higgins de Chile y ejecutado por Emprende UC.

Rao a partir de 2009 que visita dos veces al año tierras chilenas, debido a un acuerdo entre él y la empresa G&A Consultores, en que el académico asesora y apoya a empresas.

El profesor de Babson College, en tanto, también se refiriró al escaso entendimiento de la innovación por parte de los ejecutivos y gerentes. Una de las mayores complicaciones es que ellos pertenecen a una generación que no estuvo relacionada a ideas en torno a este tema, por lo que no logran entender del todo cómo funciona, opina.

AméricaEconomía habló con el académico sobre las dificultades que describe y de qué manera se pueden mejorar, cuál es la mejor fórmula para complementar la disciplina y creatividad en las compañías, a quiénes complica más internalizar estos aspectos, y qué ejemplos exitosos se pueden revisar en torno a la innovación.

Usted en el título de su conferencia se refiere a que el lado blando de la innovación es el más duro, ¿me podría explicar por qué?

Hasta ahora las empresas, consultores e incluso los académicos han puesto su atención en los recursos, procesos y métricas de la innovación. Los resultados no han sido muy buenos debido a que estos tres aspectos son sólo los del lado duro de la innovación, los del lado tangible.

El lado duro es necesario, pero no es suficiente. Para que la innovación suceda o tenga lugar, la cultura es muy importante.
Esto significa que no sólo el lado duro debe estar presente, sino que los elementos blandos como los valores y clima de la organización, así como el comportamiento de sus líderes son esenciales para que la innovación emerja. Desafortunadamente, este lado blando es mucho más difícil de crear y manejar en una organización que el lado duro.

La razón por la cual elegí ese título es porque la innovación es una disciplina, un campo de conocimiento que requiere de una serie de elementos para ponerla en práctica, tal como su lenguaje, sus conceptos, sus herramientas.

Muchas veces se confunde innovación con creatividad. Esta última debe ser enmarcada dentro de ciertos límites útiles a la organización de tal manera que generen valor para ella. Crear sin límites genera caos, lo cual es inútil.

Entonces, ¿cuál sería el enfoque ideal que deberían adoptar las empresas para combinar disciplina y creatividad, a fin de impulsar la innovación?

Como la innovación es una disciplina, nada tiene de fortuito o mágico. No es que uno se despierta para convertirse en un experto del día a la noche, ni en dos o tres años. La innovación es una disciplina como lo es el márketing, la estrategia, las operaciones, o la psicología.

Entonces, ¿cómo convertirnos en expertos? Pues uno se convierte en experto en cualquier disciplina de forma semejante, hay que adquirir conocimiento, ponerlo en práctica, y ser disciplinado en esa práctica antes de llegar a convertirse en experto. Cada disciplina tiene su propio lenguaje, con sus principios, conceptos, herramientas y campo de trabajo. Hay que plantearse aprender los conceptos y herramientas, y una vez que se han comprendido e internalizado, se pasa a la práctica. Y este período de entrenamiento en la práctica es largo, toma unos 5 ó 10 años. No es por asistir a un seminario de dos días que uno se vuelve experto.

Al innovar, la dificultad es que no se puede ser innovador si no se falla, lo cual significa que nosotros tenemos que fallar al practicar. ¿Y cuántas compañías están dispuestas a fallar? Ese es el desafío. Y es un viaje arduo que tiene que pasar por adquirir conocimiento profundo sobre la disciplina, sobre las herramientas, las técnicas, pasar también por la práctica con un coach, trabajar bajo la dirección de alguien experto, que por tiempo haya estado atreviéndose a innovar. Ese es el viaje y no hay atajos, ni fórmulas mágicas, ni píldora que tomar. Sin embargo, a los ejecutivos no les gusta este mensaje porque cuesta tiempo y esfuerzo. Además, porque implica un cambio de mentalidad y conducta, y eso es lo más difícil y lo que más tiempo toma porque está relacionado con la cultura.

Hay empresas de determinados rubros que tienen laboratorios de innovación donde se recluta personal para encargarse de investigar y generar innovación. También hay otras empresas que generan lo que llaman una cultura innovadora y finalmente se intenta darle la posibilidad a todos los empleados a que aporten ideas. ¿Cómo evaluar ambas fórmulas, alguna es mejor que la otra?

Por mucho tiempo se pensó que todo el mundo podía ser innovador, creativo, que cualquiera podía convertirse en fuente de innovación. Pero al dar una mirada hacia atrás para entender cómo las compañías han adquirido otras disciplinas, en ninguna ocasión estas han asumido que todos deben manejar las finanzas, trabajar en marketing, o en recursos humanos. Por lo tanto, por qué esperar que todos en la organización se comporten como innovadores. Lo que es necesario hacer es lo mismo que se hizo con otras disciplinas.

Hay patrocinadores de la calidad, quienes en posiciones de liderazgo entienden la necesidad de proteger y asegurar la calidad como parte de la estrategia, impulsando así la idea de crear expertos en calidad. En este sentido existen diferentes tipos de personas, con distintas capacidades y habilidades, pero es necesario educarlas. Es mejor de hecho si la compañía entera conoce sobre calidad. En innovación se puede fomentar un conocimiento amplio en la base de la compañía, pero eso no significa que se pretenda que todo el mundo sea un experto en innovación. Cierto que todos deberíamos comprender cómo se incentiva la innovación y cómo funciona, lo mismo que cualquier empleado debería tener la posibilidad de contribuir.

Los desafíos están en comprender esto de una forma en que se pueda comenzar el viaje y hacer que la compañía avance hacia la cultura de innovación, en la cual todos piensen y actúen para fomentar la innovación.

¿Considera usted que los directivos actualmente tienen esta noción de innovación en América Latina? ¿Cree que los programas de MBA ofrecen la noción de innovación que se requiere en el presente?

Respecto de los programas MBA, lo que ha sucedido en universidades latinoamericanas, y especialmente en Chile, es que se ha generado un espacio para la innovación, lo cual significa que la innovación comienza a ser vista como una disciplina.

Treinta años atrás no teníamos programas de calidad en los currículos de MBA, hasta que se introdujeron y pasaron a convertirse en una disciplina estructurada. Es lo que esta ocurriendo ahora con la innovación. Estos programas ahora preparan a la gente en esos conceptos, herramientas y lenguaje de la innovación.

Desafortunadamente, los ejecutivos y gerentes aún pertenecen a una generación que nunca estuvo expuesta a las ideas de ahora, en cursos de innovación por ejemplo. No entienden que la innovación es una disciplina. Por eso hay tantos malentendidos y confusión sobre qué es innovación. Por ejemplo en Chile o España se nota gran confusión sobre el tema, porque se piensa en la fórmula I+D+i, pero realmente el peso de esa “i” supera el peso conjunto de “I+D”. Y lo que vemos es que aún sociedades enteras abordan la innovación de una forma equivocada. La I+D es necesaria, pero es sólo un ingrediente más de la Innovación en su totalidad.

Mi trabajo es precisamente educar a los ejecutivos y líderes corporativos en la disciplina de la Innovación, hasta que finalmente veamos el momento en que el pensamiento de un país cambie. Necesitamos un conocimiento más amplio.

¿Qué es lo más complicado de cambiar en la mentalidad de una persona, a quién suele serle más difícil dar ese giro?

Cada uno de nosotros enfrenta el problema de resistir el cambio de conducta porque una vez adquiridos ciertos conocimientos, nuestra mente tiende a no creer en otro conocimiento que se oponga o contradiga el inicial. Nuestra mente bloquea ese nuevo conocimiento, y como reacción pensamos sobre la línea de “esto no funcionará en mi compañía”, lo cual eventualmente se proyecta en “esto no va a funcionar en mi país”.

Y por lo tanto existe una tendencia en todos nosotros de no creer que podemos cambiar. Por eso es que el proceso es largo entre conocer sobre una información o un hecho, creerlo, y posteriormente ponerlo en práctica de manera consecuente.

Ya una vez que comenzamos a actuar, sigue otro largo proceso de convertirse en experto. Es como cambiar los comportamientos de una sociedad. Muy difícil. La resistencia tiene lugar a todos los niveles, no sólo en los niveles superiores, porque todos los humanos aprendemos de forma muy similar y como mecanismo de defensa filtramos la información con la pretensión de ser únicos o especiales, algo muy propio de la naturaleza humana. Entonces, siempre pretendemos hacer las cosas a nuestra manera, pero en realidad tenemos muchas más cosas en común que las que nos distinguen.

Es interesante, sin embargo, que la mayoría de las compañías de los países evalúan sus finanzas de manera parecida. Y a pesar de eso, cuando se trata de innovación, todos quieren hacerlo de una manera única o exclusiva. Pero en realidad, según mi experiencia, no es así, he visto que la manera en que una compañía alemana de éxito impulsa la innovación es muy parecida a cómo lo hace una compañía japonesa o una sudafricana, independiente del rubro industrial en que opere o la cultura del entorno.

En resumen, es difícil aceptar la idea del cambio porque todos oponen resistencia, nos encanta que las cosas sigan como de costumbre, porque son cómodas, incluso cuando nuestras industrias no estén comportándose bien.

¿Qué ejemplo puede dar respecto a una empresa que haya cambiado la mentalidad y quizás se haya convertido de una muy básica a tener bastante innovación?

Hay compañías innovadoras en todas partes, siempre se pueden encontrar ejemplos. Pero a veces no las reconocemos. Por ejemplo, Arcor en Argentina es ahora una muy innovadora, Cemex en México que solía ser una muy tradicional empresa productora de cemento hasta que dio pasos sobre innovación. En Chile, he oído cosas positivas sobre LAN, Cintac, BCI, Chilectra, Agrícola Garcés, entre otras.

En EE.UU. está el caso de la Armada. No se podría hablar de nada más tradicional y jerárquico que una institución militar. El comandante D. Michael Abrashoff cambió la cultura en el USS Benfold. Con el cambio de comandante en uno de los mayores barcos de guerra, la Armada estadounidense ha dado un giro innovador. En apenas dos o tres años han sido capaces de cambiar completamente.

Por eso se afirma que el liderazgo tiene un impacto profundo en el cambio de mentalidades y conductas dentro de casi todas las estructuras organizacionales. Pero debemos entender cómo encaminar las ideas para que resulten en innovación, y tener líderes con el coraje y el hambre de hacerlo. El coraje para involucrar a la gente y las habilidades comunicacionales para crear el clima correcto a fin de la gente se comporte de manera creativa e innovadora.

Las escuelas de negocio hacen mucha difusión de que “queremos formar alumnos innovadores” pero muchas veces no hay una colaboración entre universidad-gobierno-empresa, para generar la red necesaria para concretar ese deseo. Si están innovando en general se quedan en el proyecto, no en la aplicación. ¿Cuál es su opinión sobre este proceder de las escuelas? ¿cómo ve que funciona esta red en países de América Latina? , ¿qué falta?

La innovación como disciplina es nueva, aunque los humanos hayan venido innovando desde hace cientos de miles de años. Pero como disciplina cuenta con menos de 15 o 20 años. Por eso nuestra comprensión de la innovación como disciplina hoy es como era hace 30 años nuestro entendimiento de la calidad. Cada disciplina evoluciona, por eso ahora se suele percibir que los gobiernos no entienden muy bien, y las universidades apenas están generando una comprensión sobre el tema. Y en medio de toda esta confusión las compañías luchan por innovar.

Por eso es que vemos toda la confusión y que las relaciones entre estos actores no fluyen de la mejor forma. Por ejemplo, hace 20 años la noción de moda era que los chicos tenían muchas más posibilidades de convertirse en innovadores, crear compañías, y tener la mejores ideas como emprendedores. Sin embargo, no hay evidencia que respalde esta idea. Steve Jobs y Marck Zuckerberg son excepciones. La mayoría no son como ellos. Pero el problema de la innovación no está en la generación de ideas sino en hacerlas concretas y luego hacerlas crecer, porque se necesitan habilidades y experiencia en la práctica. El problema es escalar, crecer hasta cifras significativas.

Los países están ahora batallando porque son muchas las compañías pequeñas, muchos los emprendedores individuales, pero apenas existe un medio millón de compañías que alcanza el valor del millón de dólares. Por tanto, no hay suficientes compañías de un valor de 50 millones de dólares, y aún menos son las compañías de 100 millones de dólares. El desafío está por tanto en hacer crecer las pequeñas compañías. Lo normal es que los chicos recién graduados aún no tienen las habilidades y la experiencia que necesitan para escalar sus negocios y concretar sus ideas. Por lo general, la gente que ha trabajado en compañías grandes por unos 10 o 15 años ya tiene esas habilidades.

Sin embargo lo que se ve es que los gobiernos y las universidades ponen dinero en gente muy joven que no tiene las habilidades y por tanto no reciben los retornos esperados. Cometen un error al tratar de invertir y lograr que esa inversión se recupere.

Fuente: http://mba.americaeconomia.com/articulos/reportajes/jay-rao-no-se-puede-ser-innovador-sin-fallar

Gestionando la Innovación

Por Daniel Harris                   http://gestorhumano.wordpress.com/                          @harisdani

Esta semana se la hemos dedicado a la innovación. primero con un artículo relacionado a los 8 principios de Innovación en Google (puede ver el artículo en este enlace), luego, con un vídeo sobre la Innovación (puede verlo a través del presente enlace), y terminamos con el presente artículo enviado por un colaborador, sobre la gestión de la innovación en la empresa.

Gestionar una innovación es parte fundamental para el logro productivo, aunque, siempre es normal que las organizaciones posean miedo a las innovaciones debido a los cambios que esta genera, se debería estimular y gestionar esta para obtener una visión correcta y segura de lo nuevo que se genera.

Gestionar la innovación es saber que contamos con riesgos positivos y negativos, y saber controlarlos a través de estrategias o pasos firmes para obtener los resultados estudiados y esperado.

Existen muchas formas de gestionar la innovación, pero primero debe definirse por qué (misión/visión) se desea innovar, igualmente establecer objetivos claros y  fijar cual es el impacto que se espera. Todo esto ayuda a definir el tipo de innovación que se quiere lograr.

En lo personal, entiendo a la innovación como un conjunto de ideas que generan cambios y nueva cultura en procedimientos productivos y a la manipulación de los mismos, creando estrategias para controlar y ejecutar con seguridad la implementación en el mercado  para obtener ganancias.

Esta forma de ver la innovación implica un cambio dentro de la empresa al hacer necesario que se incorpore a su genética. Para ello es necesario:

  1. Lograr que la innovación forme parte de la visión estratégica de la empresa y que el Gerente General esté alineado con ésta.
  2. Se debe generar cultura de innovación e integrar a toda la organización.
  3. No se trata sólo de generar ideas, sino de mantener un flujo creciente de ellas sobre el tiempo y de poder ejecutarlas.
  4. Generar flujos de información interna y externa que una y consolide todo el sistema.

Mientras sigamos enfocando la innovación como una forma de desarrollar solo productos y tecnologías olvidándonos de otros ámbitos de innovación, seguiremos fallando en crear un tejido empresarial competitivo que asegure y ancle puestos de trabajos en nuestras empresas. Son los niveles menos sofisticados y menos glamorosos desde el punto de vista científico, donde la innovación es más rentable para una organización ya sea grande o pequeña.

¿Por qué algunas innovaciones triunfan y otras no?

Es evidente que en los mercados hipercompetitivos de hoy en día, las compañías que sean capaces de  introducir nuevos productos de manera exitosa, tienen muchas más posibilidades de crecer, que aquellas que fracasen a la hora de innovar. Sin embargo varios estudios muestran que entre el 70% y el 90% de nuevos productos fracasan en el primer año. Este post intenta dar algunas claves de los motivos que hacen que los clientes se resistan a adquirir nuevas soluciones, pese a que estas ofrezcan mejoras sobre las existentes.

Cuando nos enfrentamos al reto de innovar, lo primero que debe ocuparnos es la creación de valor. Es el mercado quien decide si una innovación es o no exitosa.  Para ello es clave entender muy bien a los segmentos de mercado a los que deseamos servir. Eso implica, entre otras cosas,  comprender el contexto y las necesidades que rodean a la solución que pretendemos lanzar, además de descifrar que supone más valor para esos clientes, o lo que es lo mismo, que elementos convierten en deseable, y cuales no, a nuestro  nuevo producto o servicio.

Al hablar de valor me refiero al cociente entre beneficios que se ofrecen y esfuerzos que hay que realizar para poder obtener esos beneficios. Así es importante partir de la necesidad o problema al que se enfrenta el cliente, y ver como podemos aumentar los beneficios o disminuir los esfuerzos, logrando así una propuesta de valor convincente. El valor explica una parte del éxito de los nuevos productos, pero en algunas ocasiones pese a haber creado valor, lo que se obtiene es el rechazo de los clientes.

¿Por qué los consumidores no aceptan ciertos productos pese a ofrecer más valor que los existentes?. Para poder responder a esta pregunta y entender el porqué muchas soluciones innovadores fracasan en el mercado, debemos profundizar en una variable a la que con frecuencia no se presta demasiada atención, esta no es otra que el cambio de comportamiento que esos nuevos productos exigen por parte del cliente.

A menudo los nuevos productos requieren que los consumidores cambien su comportamiento. Estos cambios implican costes. Pese a tener en cuenta diversos tipos de coste, muchas empresas no consideran los costes psicológicos asociados con los cambios de comportamiento. Una gran cantidad de productos fracasan debido a una predisposición psicológica muy generalizada, y también ignorada. Las personas sobrevaloramos de manera irracional los beneficios que poseemos, por encima de aquellos que no tenemos. Esto hace que los consumidores valoren las ventajas de los productos que actualmente utilizan, por encima de los beneficios de las nuevas soluciones.

Las empresas consideran que los clientes van a adoptar nuevos productos, cuando estos ofrecen más valor que los existentes. Por lo tanto se trata simplemente de desarrollar nuevas soluciones que sean objetivamente superiores a las actuales, lo cual supondrá un incentivo suficiente para que los consumidores las adquieran. Pese a ser cierto que el valor es un elemento clave a la hora de que una innovación tenga éxito en el mercado, este enfoque no contempla la predisposición psicológica que afecta a la toma de decisiones de los consumidores.

Los resultados de una investigación realizada  en 2002, muestran como los seres humanos evaluamos las diferentes alternativas que existen en el mercado. Este proceso tiene básicamente cuatro características:

  1. Las personas evalúan el atractivo de una solución basándose no en el valor objetivo o real, sino en el valor percibido.
  2. Los consumidores evalúan los nuevos productos tomando un punto de referencia, normalmente los productos que actualmente poseen o utilizan.
  3. Cualquier beneficio respecto a ese punto de referencia es tratado como una ganancia, del mismo modo que cualquier esfuerzo suplementario es una pérdida.
  4. Las pérdidas tienen un impacto mucho mayor que el que puedan tener las ganancias de una dimensión similar.

La introducción exitosa de una innovación suele suponer “trade-offs”. Mientras que los consumidores pueden obtener nuevas funciones altamente atractivas al comprar una innovación, también deben renunciar a alguno de los beneficios de las soluciones actuales. Al comaprar las nuevas soluciones con los productos de toda la vida los clientes sienten una predisposición hacía estos últimos, al representar el “status quo” y resultar mucho más familiares. Esto explica la dificultad que ciertas innovaciones como los coches eléctricos o los e-books padecen para llegar a mercados masivos.

Además de crear nuevo valor, las compañías deben plantearse que más pueden hacer para asegurarse de que el segmento de clientes a quien se dirigen va a adoptar su nueva solución. El primer paso es analizar que tipo de cambio le están solicitando a los consumidores. Cuanto mayores sean los cambios en el producto, mayores las posibilidades de obtener innovaciones radicales. Sin embargo, muchas innovaciones exigen cambios de comportamiento en los consumidores. Cuanto mayores sean estas variaciones en el comportamiento, a la hora de repostar los vehículos o de adquirir y leer un libro, mayor será la resistencia de las personas a adquirirlos.

Por lo tanto, hay dos dimensiones que nos ayudan a entender y calibrar el potencial de mercado de una innovación, por un lado el  grado de creación de nuevo valor que la nueva solución aporta.  Por otro lado tenemos el grado de cambio de comportamiento que deberá sufrir el consumidor para adoptar el nuevo producto o servicio. Básandose en estas dos dimensiones, si bien con algún matiz diferente, Gourville propone una matriz que nos relaciona ambas dimensiones, ofreciéndonos como resultado cuatro situaciones distintas. Las empresas deben identificar donde recae su innovación, ya que cada área presenta unas implicaciones diferentes ante la posibilidad de que sea adoptada por el mercado.

Para terminar, y a modo de conclusión de los diferentes estudios realizados sobre esta temática, quisiera repetir la idea de que para obtener una velocidad de adopción de nuevos productos o servicios elevada,  el valor percibido de la nueva solución por parte del cliente, debe ser muy superior al de los productos actuales, a la vez que se debe intentar minimizar el grado de cambio en el comportamiento del consumidor.

Fuente:http://thejazzmusician-xavier.blogspot.com/2012/04/por-que-algunas-innovaciones-triunfan-y.html?utm_source=feedburner&utm_medium=feed&utm_campaign=Feed%3A+TheJazzMusician+%28The+Jazz+Musician%29

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